Cuento de Olivia: En busca de la fantasía perdida (capítulo 8)

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Seguimos a la caza y captura de la fantasía perdida de Olivia. Pero esto cada vez se pone más complicado, porque si el duende de las velas de cumpleaños no la tiene, ¿cómo conseguirá la abuela Luci que la pequeña Olivia vuelva a tener imaginación? Pues de una manera muy muy sencilla.

Estad atentos porque lo que vamos a descubrir hoy en nuestro cuento de Olivia sirve para cualquier niño falto de fantasía.

¡A disfrutar con la historia!

En busca de la fantasía perdida

Olivia se sentó en la butaca donde hasta hace un rato dormía la abuela y trató de seguir la conversación que esta mantenía con el duende. Pero como era incapaz de verle, ni de oírle, pronto se aburrió y se quedó dormida.

Cuando se despertó, estaba metida en la cama y la Abuela canturreaba contenta en la cocina. Debía ser ya de día, porque entraba un poco de claridad a través de las rendijas de la persiana. ¿Qué habría pasado con el duende de las velas de cumpleaños?

En la cocina, la Abuela estaba preparando bocadillos de jamón y queso, que metía en una tartera con dibujos de mariquitas.

- ¡Estaba a punto de despertarte! Tenemos muchas cosas que hacer hoy…

- ¿Qué cosas?

- Tenemos que recuperar tu fantasía. Después de estar más de una hora hablando con el duende por fin encontramos la manera de conseguirlo. Pero no tenemos tiempo que perder…

- ¿Y dónde está el duende?

- Se marchó, tenía otros deseos que cumplir. Pero deja las preguntas para luego. Ahora arréglate que tenemos que irnos…

En menos de media hora, la Abuela Luci y Olivia ya estaban subidas de nuevo al destartalado coche verde. Era domingo y no había mucho tráfico, así que en un periquete llegaron a su destino: la biblioteca municipal.

- ¿Una biblioteca? Abuela, ¿no se te ha ocurrido un plan más aburrido para el domingo?

La Abuela Luci le echó una de sus miradas furibundas y haciendo caso omiso a su pregunta comenzó a explicarle el plan:

- Olivia, según nos dijo el duende, tu fantasía se la ha llevado otra persona, la ha usado, y se ha consumido para siempre. Así que, para conseguir que vuelvas a tenerla, que recuperes tu aspecto normal y que las letras vuelvan a tus libros, tenemos que hacer que te nazca una fantasía nueva…

- ¿Pero cómo vamos a conseguir eso?

- Pues leyendo…

- ¡Leyendo! ¡qué horror! Además yo ya no puedo leer, tal y como tú has dicho, las letras desaparecen cuando yo abro los libros…

- Pues para eso estoy aquí: seré yo quien lea los libros, pero tú escucharás atentamente.

Olivia puso una cara de sufrimiento horrible. ¿De verdad tenían que hacer eso? ¡Pues anda que no había que hacer esfuerzos para recuperar la fantasía! La Abuela Luci, al verla refunfuñar sacó de su bolso un pequeño espejo de plata y se lo dio a Olivia.

- Mírate en el espejo: ¿quieres volver a tener este aspecto o prefieres ser la  niña de siete años más vieja del mundo? No, ¿verdad? Pues entonces deja de lloriquear y vamos a ponernos “manos a los libros”.

Una vez más, la Abuela Luci tenía razón. Olivia no quería tener aquel pelo blanco, ni aquellas arrugas: quería ser una niña normal, y para eso necesitaba su fantasía. Así que no le quedó otro remedio que seguir a la Abuela al interior de la biblioteca.

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