Cuento de Olivia: Olivia y los personajes invisibles (capítulo 9)

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Estamos llegando ya al desenlace de esta historia llena de fantasía. Olivia se ha ido con la Abuela Luci a una biblioteca con la esperanza de encontrar allí su fantasía perdida. Pero la pequeña Olivia no las tiene todas consigo. Al fin y al cabo los libros no son su debilidad, como bien sabemos después de habernos leído todas sus historias, y ¿qué es una biblioteca sino un sitio lleno de libros?

Veremos a ver qué pasa y a quién se encuentra Olivia en la biblioteca…

Olivia y los personajes invisibles

En la biblioteca no había casi nadie: Normal, ¿a quién se le iba a ocurrir pasar una soleada mañana de domingo en un lugar tan aburrido? pensó Olivia, que sin embargo, lejos de quejarse, siguió a la Abuela sin decir ni mu. Ya se había llevado suficientes regañinas desde que había empezado aquella aventura y no tenía ganas de soportar de nuevo una de aquellas terribles miradas de la Abuela.

Pero el silencio de Olivia contrastaba con la alegría de la Abuela Luci, que iba dando los buenos días en cada esquina, saludando con la mano y sonriendo encantada. Olivia la miró con ojos extrañados:

- Definitivamente, esta abuela mía no es muy normal que digamos – se dijo para sí misma.

Y aunque se había prometido no hacer más preguntas, fue tanta la curiosidad por saber con quién estaba hablando la Abuela que no tuvo otro remedio que interrumpirla:

- Pero ¿se puede saber a quien saludas? Si aquí no hay nadie.

La Abuela Luci la ignoró completamente y siguió hablando sola:

- ¿Has visto querido Lobo? Me pregunta que a quien saludo. Tenemos mucho trabajo que hacer con esta niña…

Y poco tiempo después añadió:

-¡Qué guapa estás hoy Cenicienta! Esos zapatos te sientan muy bien. Además, mucho mejor con cordones, que así no se te perderán la próxima vez.

No había duda: la Abuela se había vuelto majareta. ¿Estaba hablando con Cenicienta? ¿con un lobo? Olivia no entendía nada…

Por fin llegaron a una mesa grande y redonda que estaba al fondo de la biblioteca. Todas las sillas estaban vacías, así que Olivia se sentó en la primera que encontró.

- Nooooooooooooooo, ahí no te sientes, ¿no ves que está ocupada?
- Abuela, no hay nadie. Estás comportándote de manera muy extraña esta mañana. Hablas sola, no me escuchas, ves gente donde no hay nadie…
- Olivia, tú eres incapaz de ver nada, pero yo te digo que esa silla está ocupada. Precisamente la Bruja de Hansel y Gretel está ahí sentada y si yo fuera tú…¡no haría enfadar a una bruja!

Olivia quiso sentarte en la siguiente silla, pero la Abuela tampoco la dejó.

- Ahí está sentado uno de los músicos de Bremen, el gallo, para ser más exactos. Te recomiendo que no le irrites, su pico es muy potente.

Una a una, la Abuela le fue impidiendo sentarse en todas las sillas, ya que estaban ocupadas por todos los personajes de los cuentos clásicos: Peter Pan, el patito feo, Caperucita, Juan sin Miedo, Alicia, Cenicienta, Garbancito, el lobo, la bruja, Rapunzel, Ricitos de Oro y su amigo el Osito, etc.

La Abuela le señaló la última silla y ahí se sentó Olivia, entre Blancanieves y el más gruñón de los enanitos.

- Y ahora ¿qué hacemos?- preguntó contrariada Olivia, que seguía sin ver a ninguno de sus compañeros de mesa.
- Ahora vamos a leer, querida. La primera en hacerlo seré yo. Tienes que escuchar atentamente…

La Abuela, comenzó a contarle la historia de la Bella Durmiente con su voz áspera y profunda. Olivia conocía de sobra aquella cursi y aburrida historia de una princesa que había estado durmiendo durante años hasta que un príncipe había roto el conjuro dándole un beso. Sin embargo, tal y como lo leía la Abuela, aquel cuento parecía mucho más emocionante y divertido que nunca. Cuando terminó, la Abuela se dirigió a una de las sillas vacías y exclamó:

- Querida amiga, ahora es tu turno ¿qué historia vas a contarnos, tú?

Para sorpresa de Olivia, una voz dulce, muy diferente a la de la Abuela, comenzó a contar una nueva historia. Se trataba del cuento del patito feo y aunque Olivia no podía ver la cara de aquella princesa de cuento, sí podía escuchar, alto y claro, su voz narrando aquella historia.

- ¡Abuela! ¿Eres tú quien habla? ¿Cómo haces para cambiar de esa manera la voz?
- No me interrumpas, Olivia – exclamó de nuevo aquella voz.
- Claro Olivia, no interrumpas a la Bella Durmiente. Déjala que cuente su historia.

¿Era posible aquello? Si la Abuela no era quien hablaba entonces ¿era realmente la Bella Durmiente quien estaba contando aquel cuento?

- Pero, pero, pero…
- Deja de molestar y escucha este cuento – le aconsejó la Abuela.-. La Bella Durmiente parece muy tranquila, pero lo que menos le gusta en el mundo es que la interrumpan cuando está contando una buena historia…

Así que a Olivia no le quedó más remedio que seguir escuchando, de voz de la Bella Durmiente, el cuento del Patito feo.

 

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