Poemas infantiles para el Día de la Madre

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Los poemas infantiles para el Día de la Madre pueden ser la manera perfecta de decirle a mamá cuánto la queréis. Poemas hay muchos… De autores famosos, anónimos, cortos, largos, sencillo y complejos…

Hoy os presentamos algunos poemas para niños ideales para que los peques se los aprendan de memoria y le reciten a mami en su día. O sino, para que los escriban en una bonita tarjeta para el Día de la Madre hecha con sus propias manos. ¡No os los perdáis!

A mi mamá

He aprendido madrecita

que dos y dos son cuatro.

¿Cuánto es un millón de besos

con dos millones de abrazos?

Eso es lo que quiero darte

pero yo no sé contar.

Voy a empezar a abrazarte

pero lleva tú la cuenta mamá.

Mi mamá

Todas las mañanas

sueño al despertar

que del cielo un ángel

me viene a besar.

Al abrir los ojos,

miro donde está

y en el mismo sitio

veo a mi mamá.

Las manos de mi madre

Manos las de mi madre,

tan acariciadoras, tan de seda,

tan de ella, blancas y bienhechoras…

Para el ardor ingrato de recónditas penas,

no hay como la frescura de esas dos azucenas.

¡Ellas cuando al vida deja mis flores mustias

son dos milagros blancos apaciguando angustias!

Y cuando del destino me acosan las maldades,

son dos alas de paz sobre mis tempestades.

¡Ellas son las celeste, las milagrosas, ellas,

porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!

Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;

¡son las únicas manos que tienen corazón!

(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:

aprended de blancuras en las manos maternas)

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,

cuando tengo las alas de la ilusión caídas,

¡las manos de mi madre saben borrar tristezas!

¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!

Autor: Alfredo Espino

Le regalo a mi mamá

Le regalo a mi mamá

una sonrisa de plata

que es la que alumbra mi cara

cuando de noche me tapa.

Le regalo a mi mamá,

una caperuza roja

por contarme tantas veces

el cuento que se me antoja.

Le regalo a mi mamá,

una colonia fresquita

por no soltarme la mano

cuando me duele la tripa.

Le regalo a mi mamá

una armadura amarilla

que la proteja del monstruo

que espanta de mis pesadillas.

Le regalo a mi mamá

el lenguaje de los duendes

por entender lo que digo

cuando nadie más me entiende.

Le regalo a mi mamá

una chistera de mago

en la que quepan mis besos

envueltos para regalo.

Autor: Juan Guinea Díaz

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