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	<title>PequeOcio &#187; Cuentos cortos</title>
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	<description>Las mejores ideas de ocio para disfrutar del tiempo libre con los niños: cine, cuentos, canciones, dibujos y manualidades, ocio local, viajes con niños...</description>
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		<title>Cuento a la vista: Ni que sí, ni que no</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 17:44:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="425" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/carola1-600x425.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="ni que sí, ni que no" title="ni que sí, ni que no" /></p>En Cuento a la vista nos encanta que a los niños les cuenten cuentos antes de dormir. ¿A qué se duerme mucho mejor siempre si antes nos han contado una historia fascinante? A Nadia también le pasa eso. Le encanta que su abuelo le cuente alguna de sus maravillosas historias antes de dormir&#8230; Por eso, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="425" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/carola1-600x425.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="ni que sí, ni que no" title="ni que sí, ni que no" /></p><p>En <strong><a href="http://www.pequeocio.com/cuento-a-la-vista/">Cuento a la vista</a></strong> nos encanta que a los niños les cuenten <strong>cuentos antes de dormir</strong>. ¿A qué se duerme mucho mejor siempre si antes nos han contado una historia fascinante? A Nadia también le pasa eso. Le encanta que su abuelo le cuente alguna de sus maravillosas historias antes de dormir&#8230;</p>
<p>Por eso, cuando el abuelo Genaro se pone malo, Nadia toma una decisión muy importante. ¿Quieres saber cuál? Pues no te pierdas nuestro <strong><a href="http://www.pequeocio.com/ninos/cuentos-infantiles/">cuento</a></strong> de esta semana:<span id="more-6640"></span></p>
<h3>Ni que sí, ni que no</h3>
<p>El abuelo Genaro solía contar unos cuentos maravillosos. Nadia esperaba siempre con impaciencia el momento en que tocaba irse a la cama. Era entonces cuando el abuelo, ajustándose sus gafitas redondas, comenzaba a hablar con su voz grave.</p>
<p>A veces cogía los libros de la estantería y simplemente leía imitando voces, poniendo caras y haciendo ruidos. Pero la mayoría de las noches, el abuelo Genaro se inventaba sus propios cuentos.<br />
Él decía que no, que eran historias reales que había vivido durante su época de marino. Pero Nadia no sabía si creerle. ¿Cómo aquel hombrecillo bajito y flaco podía haber vivido todas aquellas aventuras peligrosísimas en alta mar? Nadia no podía imaginar al abuelo Genaro, tan tranquilo y sonriente, enfrentándose a una tripulación rebelde, gritando con genio y atacando sin piedad los barcos de piratas malvadísimos.</p>
<p>- Abuelo, reconócelo, ¡es imposible! Te lo estás inventando.</p>
<p>Pero el abuelo Genaro no decía ni que sí, ni que no. Siempre respondía lo mismo:</p>
<p>- Todo es posible si creemos en ello. Depende de ti…</p>
<p>Y Nadia se quedaba siempre con la duda, pensando que a lo mejor el abuelo le estaba diciendo la verdad y ella era la nieta de uno de los marinos más valientes de todos los mares.</p>
<p>Pero una noche, el abuelo Genaro no estaba junto a su cama dispuesto a contarle un cuento. Se había puesto enfermo y habían tenido que llevarlo al hospital.</p>
<p>- ¿Te pondrás bien, abuelo? No puedo dormir sin tus cuentos.<br />
- Claro que sí, Nadia, los viejos marinos somos duros de pelar. Yo he luchado contra ballenas carnívoras, contra terribles tempestades y malvados piratas. ¿De verdad crees que una enfermedad va a ser un problema para mí?</p>
<p>Pero en aquella cama de hospital, el abuelo Genaro parecía más pequeño y flacucho que nunca. Hasta su voz, tan grave y profunda, había pasado a ser tan solo un susurro.</p>
<p>Una semana después, el abuelo seguía en el hospital. Así que una noche, Nadia tomó una decisión. Si el abuelo no podía ir a contarle cuentos, sería ella la que le contaría cuentos a él.</p>
<p>Cuando le dijo a Mamá que se marchaba al hospital a contarle un cuento de buenas noches al abuelo, a Mamá casi le da un ataque de risa…</p>
<p>- Pero ¡cómo vamos a ir al hospital a estas horas! No nos van a dejar entrar…</p>
<p>Pero tanto insistió Nadia, que Mamá tuvo que hacerle una promesa. Al día siguiente, en cuanto saliera del colegio, irían a verle. Así Nadia podría contarle todos los cuentos que quisiera, aunque no fueran cuentos de buenas noches.</p>
<p>Al abuelo le encantó la idea, aunque al principio Nadia no sabía muy bien que contarle. Pero pronto, Nadia descubrió que había muchas cosas que podían convertirse en un cuento: el misterioso maletín que traía siempre el profesor de inglés, la colección de canicas que tenía Miguel, la capacidad que tenía la maestra de resolver siempre todas las preguntas…</p>
<p>- Nadia, reconócelo, ¡es imposible! Te lo estás inventando. ¿Cómo va a ser tu maestra un hada madrina si no tiene varita? – exclamaba divertido el abuelo Genaro.</p>
<p>Pero Nadia no decía ni que sí, ni que no. Siempre respondía lo mismo:</p>
<p>- Todo es posible si creemos en ello. Depende de ti…</p>
<p>Y tanto creyeron Nadia y el abuelo Genaro en el poder de la mente y de la imaginación, que un día, por fin, salió del hospital. Todo volvió a la normalidad. El abuelo recuperó su voz grave de marino y Nadia nunca más dudó de sus historias.</p>
<p>Todas eran posibles porque Nadia creía en ellas…<br />
<em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
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		<title>Cuento a la vista: El camello Donatello (Parte 2)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 22:33:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos Infantiles]]></category>
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		<category><![CDATA[Cuento a la vista]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="387" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/camello-donatello-600x387.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="camello donatello" title="camello-donatello" /></p>Si os quedásteis con ganas de saber qué le pasaba al camello Donatello en el cuento infantil de la semana pasada, aquí llega por fin la segunda parte de esta increíble historia. Volvemos al desierto donde nos quedamos la semana pasada para conocer el desenlace de este cuento ¿Conseguirá Bea que Donatello escape de su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="387" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/camello-donatello-600x387.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="camello donatello" title="camello-donatello" /></p><p>Si os quedásteis con ganas de saber qué le pasaba al <a href="http://www.pequeocio.com/cuento-camello/"><strong>camello Donatello</strong></a> en el <a href="http://www.pequeocio.com/ninos/cuentos-infantiles/"><strong>cuento infantil</strong></a> de la semana pasada, aquí llega por fin la segunda parte de esta increíble historia.</p>
<p>Volvemos al desierto donde nos quedamos la semana pasada para conocer el desenlace de este cuento ¿Conseguirá Bea que Donatello escape de su terrible destino? La respuesta&#8230;¡en el cuento de esta semana!</p>
<p>¡A disfrutarlo!</p>
<h3><span id="more-6559"></span>El camello Donatello (Parte 2)</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bea pensaba y pensaba. Le gustaba aquel animal. Era paciente y noble. Le había hecho reír durante el camino de ida, a pesar de estar tan cansado. Le había contado también un montón de historias increíbles sobre la travesía del desierto. ¿Cómo iba a consentir que desapareciera sin más!</p>
<p>-<em> ¡No quiero ni oír hablar del filete de camello! Tú te vienes conmigo.</em><br />
<em>- Pero Bea, ¿cómo voy a llegar hasta tu casa? A los camellos no nos dejan montar en avión…</em><br />
<em> &#8211; Pues volveremos en barco. He visto que llevan coches, y eso ocupa mucho más…¡Seguro que se puede!</em><br />
<em> &#8211; Pero Bea, ¿qué haré luego en tu gran ciudad? Yo soy un camello, vivo en el desierto…</em><br />
<em> &#8211; No hay problema. En casa tenemos un jardín muy grande con mucha hierba. Podrás descansar, comer tranquilamente y cuando llegue del cole pasaremos la tarde juntos.</em></p>
<p>Aquello sonaba maravilloso. Donatello imaginó por un momento la escena y sonrió con cierta melancolía. Ojalá a veces los sueños se cumplieran…</p>
<p>- <em>Eso es precioso Bea, ¡me encantaría! Pero tenemos que ser realistas… ¿tú crees que tus padres querrían tener un camello en su jardín?</em></p>
<p>La niña tuvo que admitir que Donatello tenía razón. Había que pensar otra cosa…</p>
<p><em>- A ver…además de hacer estos trayectos ¿qué otra cosa sabes hacer?</em></p>
<p>Donatello se quedó pensativo…Él no era más que un camello. Su función consistía en transportar gente y comer hierba. Eso era todo. ¿o no?</p>
<p>- <em>Algo más debes haber…</em><br />
<em> &#8211; Soy muy bueno apartando moscas del desierto con mi cola…</em><br />
<em> &#8211; Eso es práctico para ti, pero no creo que solucione el problema.</em><br />
<em> &#8211; También me tiro unos…</em><br />
<em> &#8211; ¡Eso ni lo digas! Ya lo he comprobado</em> – afirmó Bea tapándose la nariz- <em>¡Poco haremos con eso!</em><br />
<em> &#8211; Déjame que piense…</em><br />
<em> &#8211; Vamos Donatello, estamos llegando ya al pueblo. ¡Hay que encontrar una solución enseguida.</em><br />
<em> &#8211; No se me ocurre nada Bea. ¡Acabaré siendo carne de camello! Como mi padre o mi abuelo: ¡Es ley de vida y a vosotros los humanos también os pasa, solo que de otra forma!</em><br />
<em> &#8211; Una vez me contó un niño que…</em><br />
<em> &#8211; Claro Donatello, ¡los niños!</em><br />
<em> &#8211; Que pasa con los niños…Me gusta estar con ellos. Los entretengo.</em><br />
<em> &#8211; Y además cuentas unas historias alucinantes… ¿No te das cuenta de que esa es la solución?</em></p>
<p>Pero el camello Donatello no se daba cuenta de nada. ¿Qué se le habría ocurrido a aquella pequeña cabeza? En cuanto llegaron al pueblo, Bea se bajó de Donatello y fue corriendo a hablar con Mamá. Si alguien podía convencer al malhumorado dueño de los camellos de que su plan podía funcionar esa era Mamá.</p>
<p>Por supuesto, a Mamá, le encantó la idea de Bea, así que se dirigió al dueño y comenzó a explicárselo. El tipo comenzó a gruñir y a gritar irritado. Para él era una ofensa que alguien de fuera viniera a decirle lo que debía o no debía hacer con sus camellos.</p>
<p><em>- Hay que fastidiarse</em> – exclamó Bea enfadada – <em>los mayores se pasan el día diciéndonos lo que tenemos que hacer. Pero cuando es al revés, son ellos los que no quieren hacernos caso…</em></p>
<p>Casi una hora estuvieron Mamá y el dueño de los camellos, discutiendo airadamente. Pero finalmente, el dueño cedió, y Mamá vino con una sonrisa en los labios a explicar la situación a Bea y a Donatello, que esperaban impacientes.</p>
<p>-<em> ¡Lo hemos conseguido, Bea! Donatello no se irá a ningún restaurante. Se quedará aquí, en el pueblo.</em><br />
<em> &#8211; BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN</em><br />
<em> &#8211; Pero ¿qué haré exactamente?</em> – preguntó Donatello, que no tenía ni idea del plan que Bea había organizado.<br />
- <em>Te quedarás aquí y cuidarás de los niños, durante las excursiones para los mayores. Serás…¡el primer camello cuidador de niños!</em></p>
<p>Así fue mucho tiempo. Durante las tardes, cuando los padres que acudían a aquel pequeñísimo pueblo en medio del desierto, hacían largas cenas, hablaban con las gentes del pueblo y observaban su música y sus tradiciones, los más pequeños se quedaban con Donatello. El camello les dejaba tirarle del rabo, hacerle cosquillas en el cuello y rascarle las jorobas. También les contaba unas historias increíbles y los niños se quedaban dormidos sobre la arena, bajo la atenta mirada de las estrellas.</p>
<p>Los padres estaban encantados. El dueño también. Pero el más feliz de todos era el camello Donatello. Y es que a veces…los sueños se cumplen.</p>
<p><em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
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		<title>Cuento a la vista: El camello Donatello</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 12:59:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="792" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/camello-600x792.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="camello" title="camello" /></p>Ahora que hace mucho frío, el Cuento a la vista de esta semana quiere llevaros a todos a una zona más caliente: el desierto en el que vive el camello Donatello.  Este animal se ha dedicado toda su vida a trasladar turistas por el desierto pero es tan viejo, tan viejo, tan viejo que su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="792" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/camello-600x792.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="camello" title="camello" /></p><p>Ahora que hace mucho frío, el Cuento a la vista de esta semana quiere llevaros a todos a una zona más caliente: el desierto en el que vive el camello Donatello.  Este animal se ha dedicado toda su vida a trasladar turistas por el desierto pero es tan viejo, tan viejo, tan viejo que su dueño piensa que ya no sirve para nada. ¡Vaya idea más ridícula! Si eso fuera así, entonces los abuelos no servirían para nada, y anda que no es maravilloso tener un abuelo o una abuela cerca.</p>
<p>Así que para reflexionar sobre la necesidad de tener cerca a nuestros mayores os dejamos la primera parte de este cuento (para la segunda habrá que esperar un poquito)  ¡Qué la disfrutéis!<span id="more-6446"></span></p>
<h3>El camello Donatello</h3>
<p>Nadie sabía cuantos años tenía el camello Donatello, solo que cada vez estaba más cansado y se quejaba más cuando tenía que cargar con los turistas desierto a dentro. Por eso, en medio de la travesía, solía pararse y sentarse tranquilamente sobre la arena caliente. No había manera de moverlo durante varios minutos, y los turistas lo miraban entre enfadados y divertidos.</p>
<p>- Caray con el carácter de este camello.</p>
<p>Al camello Donatello lo que le gustaba era quedarse cerca del oasis y rumiar paja: para dentro, para fuera, para dentro, para fuera. Así hasta que la paja se convertía en una masa pastosa que le dejaba un aliento ácido y desagradable.</p>
<p>También le gustaban los niños. Cuando en el grupo de turistas había alguno, siempre se lo colocaban a él. Pesaban poco y se reían mucho. Todo les sorprendía: las sombras que la caravana de camellos proyectaba sobre las dunas, el color rojo del sol al atardecer, los escarabajos que aparecían y desaparecían entre la arena o las sonoras y apestosas flatulencias que expulsaban los camellos.</p>
<p>- ¡Pero qué camellos más cochinos!</p>
<p>Los niños no paraban de reír divertidos con estas ventosidades y Donatello se reía con ellos. Durante las noches en el desierto, mientras los padres cenaban, hacían fotos y hablaban de esas cosas sesudas de las que hablan los mayores, Donatello entretenía a los niños, con sus gestos y sus sonidos.</p>
<p>- Da gusto – decían siempre los mayores –con este camello no hace falta que nos preocupemos de los niños.</p>
<p>- Mírales qué tranquilos están.</p>
<p>A Donatello también le gustaba encargarse de los más pequeños. Dejaba que se subieran encima, que le pellizcarán la panza y le hicieran cosquillas en el cuello.</p>
<p>- Solo sigo en este trabajo por los niños. Si no fuera por ellos… &#8211; solía comentar por las noches mientras descansaban cerca de las jaimas.</p>
<p>- Claro, por eso y porque si no, acabarías convertido en filetes de camello&#8230;¡con un poco de ensalada: ricos, ricos! – le provocaba la camella Marianela, mucho más joven que él.</p>
<p>El camello Donatello sabía que tenía razón. El día en que sus cansados músculos no pudieran hacer la travesía del desierto con los turistas a cuestas, dejaría de ser útil para los dueños y acabaría en un restaurante de plato principal. Y ese día llegaría pronto. Cada vez se sentía más cansado, más viejo, más débil. No había remedio.</p>
<p>Una tarde caminaban por el desierto con un reducido grupo de turistas. Entre ellos se encontraba Bea, una niña pecosa y canija que, por supuesto, iba montada en el camello Donatello, que estaba esforzándose mucho por seguir adelante. Bea, que notaba lo cansado que estaba el animal, le acariciaba su largo cuello y le daba palabras de ánimo</p>
<p>- Venga amigo, que estamos a punto de llegar y podrás descansar un rato.</p>
<p>Pero cuando apenas les quedaba un kilómetro para llegar a su destino, el camello Donatello se sintió desfallecer y cayó al suelo. No hubo manera humana de hacerlo levantar.</p>
<p>- Ya no va a moverse…este camello es tan viejo que no sirve para nada. Ahí lo dejaremos y a la vuelta veremos que hacemos con él.</p>
<p>Aterrada ante la idea de dejar solo al camello en medio de aquella nada de arena, Bea comenzó a llorar y se abrazó a él. Nadie consiguió despegarla de ahí, así que todos tuvieron que acampar junto a ellos, a pesar del visible enfado del dueño de los camellos.</p>
<p>A la mañana siguiente, se levantaron antes del alba para regresar al campamento. Después de haber descansado, el camello Donatello se veía con fuerzas hacer el trayecto.</p>
<p>- Camina, que ya verás cuando llegues…esta no me la vuelves a hacer- le gritaba muy enfadado el dueño.</p>
<p>- ¿Qué te harán cuando lleguemos? – preguntó intrigada la pequeña Bea.</p>
<p>El camello Donatello le contó que seguramente acabaría a la parrilla en alguno de los restaurantes de la zona.</p>
<p>- Es ley de vida, ¡qué le vamos a hacer! – afirmó resignado Donatello.</p>
<p>- Pues habrá que buscar una solución. ¡No podemos consentirlo! – exclamó decidida Bea.</p>
<p>Y durante todo el trayecto, mientras el sol poco a poco iba empezando a calentar más y más, Bea estuvo pensando la manera en que salvar al camello Donatello…</p>
<p><em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cuento a la vista: Darío y la nieve</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 18:48:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="438" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/cuento_vista_dario_nieve-600x438.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="cuento_vista_dario_nieve" title="cuento_vista_dario_nieve" /></p>Se han acabado las Navidades pero no el invierno. Hoy os queremos proponer un cuento corto lleno de nieve y de frío. Un relato dedicado especialmente a todos los niños y las niñas que están malitos, resfriados, que tienen fiebre y no pueden salir de la cama. Quizá ellos, como Darío, descubran también cómo llegar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="438" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2012/01/cuento_vista_dario_nieve-600x438.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="cuento_vista_dario_nieve" title="cuento_vista_dario_nieve" /></p><p>Se han acabado las Navidades pero no el invierno. Hoy os queremos proponer un <strong><a href="http://www.pequeocio.com/tag/cuentos-cortos/">cuento corto</a></strong> lleno de nieve y de frío. </p>
<p>Un relato dedicado especialmente a todos los niños y las niñas que están malitos, resfriados, que tienen fiebre y no pueden salir de la cama. Quizá ellos, como Darío, descubran también cómo llegar al lugar donde se guarda la nieve cuando desaparece de las ciudades y de las montañas.</p>
<p>Espero que lo disfrutéis y ¡abrigaros bien que hace frío!<span id="more-6383"></span></p>
<h3>Darío y la nieve</h3>
<p>Darío miró con tristeza los copos de nieve cayendo al otro lado de la ventana. Era la primera vez que veía nevar así en su ciudad. Pero en vez de estar ahí afuera disfrutando con sus amigos, Darío estaba con su pijama verde de cuadros metido en la cama.</p>
<p>38 de fiebre, había marcado sin piedad el termómetro, condenando a Darío a quedarse encerrado en casa.</p>
<p><em>- Pero yo no quiero, no quiero… Si además… no me encuentro tan mal</em> – había tratado de convencer a Mamá.<br />
<em>- Pero si no has parado de toser en toda la noche. Además estás ardiendo. Ya volverá a nevar…</em></p>
<p>Pero Darío sabía que en su ciudad de mar no nevaba nunca y que si lo hacía, jamás sería como aquel día. Nunca había visto las palmeras del parque frente a su casa cubiertas de un manto blanco, ni los coches sepultados por la nieve, ni los tejados como en una postal navideña. Eso solo pasaba una vez cada tropecientos años, decían los meteorólogos en las noticias.</p>
<p>- <em>¿Cuántos años tendré yo dentro de tropecientos? Seguro que tantos que ya no me divertirá salir a hacer un muñeco de nieve, ni tirarme bolas. No es justo.</em></p>
<p>Pero Mamá no atendía a razones. Hacía mucho frío fuera y Darío estaba enfermo: debía quedarse en la cama todo el día. Sin salir, sin nieve. Viendo caer ese polvo blanco en el lado incorrecto del cristal.</p>
<p><em>- Me escaparé</em> – pensó Darío mientras la fiebre cerraba sus ojos.</p>
<p>Lo cierto es que Mamá tenía razón: estaba enfermo. Se sentía muy débil. Tenía escalofríos y sus huesos parecían tan pesados y densos que no tenía fuerzas para levantarlos. Seguro que cuando se pusiera bien toda aquella nieve se habría marchado. ¿A dónde iría la nieve de las ciudades una vez que desaparecía?</p>
<p>En eso estaba pensando Darío cuando un ruido le sacó de su duermevela. Alguien había estampado, como si de un proyectil se tratara, una blanca bola de nieve sobre su ventana. Darío la abrió con curiosidad, preguntándose si sería alguno de sus amigos, pero lo que vio allí fue una bola de nieve, redonda y grande que flotaba sobre el aire.</p>
<p><em>- Daríoooooooooooo, con el día que hace y tú en la cama.</em></p>
<p>El pequeño se tocó la frente, convencido de que debía haberle subido la fiebre. Estaba viendo una bola de nieve que hablaba. Eso era rarísimo. Aunque bien pensado, Darío nunca había visto nevar. Tal vez las bolas de nieve hablaban siempre, porque al fin y al cabo, ahí estaba aquella llamándolo por su nombre.</p>
<p>- <em>Pero, pero… estoy enfermo, no puedo salir a la nieve. Hace frío y…</em><br />
<em> &#8211; Bah, eso son tonterías. No puedes salir a la calle, pero puedes venir conmigo.</em><br />
<em>- ¿Contigo? Eso tienes que explicármelo…</em><br />
<em> &#8211; Donde yo voy a llevarte no se siente el frío y además ¿no acabas de preguntarte qué pasa con la nieve cuando desaparece? Si vienes conmigo yo te lo enseñaré…</em></p>
<p>Darío, muy asombrado tomó a la bola de nieve en su mano y observó como se hacía más y más grande, tanto que acabó por absorberlo. Todo comenzó a dar vueltas y Darío supo que estaba volando dentro de la bola de nieve. Sin embargo, tal y como le había advertido la bola, allí no hacía frío, sino un calor suave que hizo sonrojar sus mejillas.</p>
<p>Cuando empezaba a sentirse un poco mareado, la bola se detuvo y fue haciéndose más y más pequeña hasta que Darío volvió a estar fuera de ella. Pero a su alrededor ya no estaba su habitación, ni el parque de frente de su casa.</p>
<p><em>- ¿Qué es todo esto?</em><br />
<em> &#8211; Es el lugar a dónde va la nieve cuando desaparece. Aquí estamos todos: copos, bolas, muñecos de nieve, carámbanos de los tejados, placas de hielo. Hasta la nieve de la carretera que se ensucia cuando pasan los coches viene a descansar aquí.</em></p>
<p>Darío comprobó con asombro que la bola de nieve tenía razón. Aquel lugar estaba repleto de muñecos de todos los tamaños y formas. También había copos revoloteando por el cielo y bolas que salían disparadas de un lado para otro.</p>
<p>- <em>¿Y qué hacéis aquí exactamente?</em><br />
<em> &#8211; Esperar a que llegue el invierno y tengamos que desplazarnos hasta una u otra ciudad. ¿Pero has venido a hacer preguntas o a jugar con la nieve?</em></p>
<p>Darío estuvo jugando con los muñecos de nieve toda la mañana, lanzándose bolas con unos y otros, tirándose en trineo. A la hora de comer estaba tan cansado y tenía tanta hambre que pidió a la bola de nieve volver a casa.</p>
<p><em>- ¿Cómo haré para regresar aquí siempre que quiera? – preguntó Darío.</em><br />
<em> &#8211; Es fácil. Pregunta a tu imaginación, seguro que ella tiene la respuesta.</em></p>
<p>Al momento Darío estaba de nuevo en su cama y en el parque hacía horas que había salido el sol. La nieve iba poco a poco desapareciendo pero a Darío no le importó.</p>
<p>Sabía dónde encontrarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
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		<title>Cuento a la vista: El árbol de Navidad sin Navidad</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 20:59:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="488" height="640" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/dibujo_navidad-001.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="dibujo navidad" title="dibujo_navidad 001" /></p>Nuestro cuento a la vista de hoy quiere recordarnos el verdadero espíritu de la Navidad. Lejos de regalos, de grandes comilonas, de vaciones y juguetes, estas fiestas son un momento para estar con la familia (sea lo que sea lo que cada uno llama familia), para disfrutar de la gente que queremos y que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="488" height="640" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/dibujo_navidad-001.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="dibujo navidad" title="dibujo_navidad 001" /></p><p>Nuestro cuento a la vista de hoy quiere recordarnos el verdadero espíritu de la Navidad. Lejos de regalos, de grandes comilonas, de vaciones y juguetes, estas fiestas son un momento para estar con la familia (sea lo que sea lo que cada uno llama familia), para disfrutar de la gente que queremos y que se preocupa por nosotros.</p>
<p>Así que os traemos la historia de este árbol de Navidad, que descubrió que no hay nada mejor que pasar la Nochebuena rodeado del verdadero espíritu navideño. ¿Quereis saber cómo se dio cuenta nuestro arbolito de esta gran verdad? ¡Pues a seguid leyendo!</p>
<p>¡Que lo disfrutéis! (el cuento y sobre todo&#8230;LA NAVIDAD)<span id="more-6299"></span></p>
<h2>El árbol de Navidad sin Navidad</h2>
<p>Junto al resto de abetos, aquel árbol esperaba a una familia que quisiera llevárselo a casa para Navidad. Pero apenas quedaban dos días y las oportunidades de aquel pequeño árbol se iban agotando. ¿Y si nadie lo quería? ¿Se marchitaría en aquel puesto de la calle, mientras el resto de árboles brillaba con sus bolas, su espumillón y sus regalos bien envueltos a los pies? ¿Sería un árbol de Navidad sin Navidad? Sólo de pensarlo el abeto sentía escalofríos.</p>
<p>Por suerte, el día de Nochebuena, un hombre grande, de barba poblada y mirada taciturna acudió al puesto de árboles con su hijo mayor, un chico inquieto de apenas diez años.</p>
<p><em>- Venga, este, por ejemplo. Son todos iguales, así que lo mismo da…</em></p>
<p>Y se lo llevaron.</p>
<p>El árbol estaba tan contento de haber encontrado por fin una familia, que no le dio importancia a los gestos toscos y bruscos de aquel padre y su hijo. Solo pensaba en el momento en que sus ramas se llenaran de adornos y todo engalanado, el árbol, se convirtiera en uno de los protagonistas de la Navidad.</p>
<p>Sin embargo, aquella casa no era como había esperado. Era bonita, sí, muy grande y espaciosa, pero a pesar de los lujos, de la iluminación, de los grandes ventanales y los altos techos, aquel lugar tenía algo inquietante.</p>
<p><em>- ¡Ya era hora de que llegarais!</em> – gritó enfurruñada Mamá nada más verlos – <em>Mira que comprar el árbol el último día…para eso casi mejor ni haberlo comprado.</em></p>
<p>- <em>Pero y lo divertido que será decorarlo</em> – exclamó el hijo, que junto a sus dos hermanas gemelas, sacó una caja con bolas.</p>
<p>Pronto los niños comenzaron a pelearse ruidosamente. Que si yo quiero poner la bola roja, que si me dejes a mi colgar la estrella, que no, que lo hago yo, que ese espumillón está muy viejo, que mejor el dorado, que menudo hortera eres, con lo bien que queda el granate…</p>
<p>Tanto ruido hacían que Papá acabó por gritarles muy enfadado:</p>
<p><em>- ¡Se acabó! El árbol se queda como está. Nada de espumillón, ni de bolas. Si no podéis hacerlo sin reñir entre vosotros, entonces no lo haréis.</em></p>
<p>Así que el pequeño abeto, que había soñado con brillantes luces alrededor y bolas enormes, tuvo que conformarse con dos tiras de espumillón plateadas mal colocadas alrededor de sus ramas, y una estrella dorada y torcida en lo más alto.</p>
<p><em>- ¡Un árbol de Navidad! Vaya tonterías se inventan ahora</em> – gruñían las dos abuelas, sentadas en los sillones orejeros del salón – <em>en nuestros tiempos con el Belén era suficiente.</em></p>
<p>Las cosas no mejoraron durante la cena. Al abuelo no le gustaron las almejas que había preparado Mamá, lo que provocó el enfado de su hija y Papá no paró de quejarse de que el vino no estaba lo suficientemente frío. Una de las gemelas no hacía sino preguntar una y otra vez, cuando llegaría Papá Noel, las abuelas cuchicheaban todo el rato sobre lo poco apropiado del mantel de cuadros, ya podían haber puesto algo más elegante, y el niño estuvo tirando migas de pan a su otra hermana hasta que llegaron los postres.</p>
<p>Harto de aquella Navidad tan poco navideña, el árbol, aprovechando el barullo, se colocó sus dos espumillones plateados, se atusó la estrella dorada en la punta y sin que nadie lo notara, se marchó. Si aquello era lo que la Navidad significaba para aquella familia, él no quería formar parte de ella.</p>
<p>Comenzó a caminar sin rumbo fijo. Había empezado a nevar ligeramente y hacía bastante frío. Cuando se quiso dar cuenta, el árbol había llegado a su puesto. Ahí estaban todos los abetos que nadie había querido comprar, los árboles de Navidad sin Navidad. Cuando el pequeño abeto les contó su experiencia con aquella familia, todos trataron de animarle.</p>
<p><em>- No estés triste. Mejor pasar estas fiestas con nosotros que con ellos, ¿no crees?</em></p>
<p>Aquellos árboles no tenían espumillón, ni bolas, ni estrellas o luces, pero la nieve les había cubierto de una preciosa capa blanca. Todos sonreían y disfrutaban de aquella noche tan especial, sin discutir, sin gritar. En familia. Así que el pequeño abeto se quitó su espumillón, lanzó la estrella dorada a la papelera y dejó que la nieve le cubriera.</p>
<p>Por fin se había convertido en un verdadero árbol de Navidad.<br />
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		<title>Cuento a la vista: El señor Rufino y la noche</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 14:56:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="352" height="640" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/rufino.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="rufino" title="rufino" /></p>En el cuento infantil de hoy vamos a traeros una historia nocturna, para leer antes de dormir, cuando las farolas de las calles y los parques ya se han encendido. Aunque&#8230;¿no os habéis preguntado nunca quién enciende las farolas? ¿quién va por las noches llenando de luz nuestras calles? No me digáis que sois de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="352" height="640" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/rufino.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="rufino" title="rufino" /></p><p>En el <a href="http://www.pequeocio.com/ninos/cuentos-infantiles/"><strong>cuento infantil</strong></a> de hoy vamos a traeros una historia nocturna, para leer antes de dormir, cuando las farolas de las calles y los parques ya se han encendido. Aunque&#8230;¿no os habéis preguntado nunca quién enciende las farolas? ¿quién va por las noches llenando de luz nuestras calles? No me digáis que sois de esos que creen que las farolas se encienden solas&#8230;¡vaya error!</p>
<p>Si de verdad queréis saber quién posee toda la magia necesaria para iluminar nuestras calles oscuras solo hace falta que leais la historia del señor Rufino&#8230; ¡Que la leais y la disfrutéis, claro!<span id="more-6143"></span></p>
<h3>El señor Rufino y la noche</h3>
<p>El señor Rufino era el anciano de gesto amable y bigotes blancos, vestido siempre de verde, que vivía en el piso de en frente. Decía papá que había trabajado toda la vida de sereno, pero nosotros no sabíamos qué era aquello.</p>
<p><em>- A lo mejor es el masculino de sirena</em> – decía la cursi de mi hermana.</p>
<p><em>- Claro, y vivía aquí que no hay mar…</em> &#8211; le respondía yo enfadado.</p>
<p><em>- Tal vez es que tocaba una sirena</em> – seguía insistiendo con el tema mi hermanita.</p>
<p>No supimos el significado de sereno hasta que una tarde nos cruzamos con el señor Rufino en el portal. Estaba empezando a atardecer. Nosotros volvíamos del parque y él se marchaba a dar un paseo. Ahora que lo pienso, el señor Rufino siempre salía de noche.</p>
<p>Esa vez, cuando nos lo encontramos, mi hermana, que es un poco bocazas y siempre está metiendo la pata, le miró con ojos extrañados y le preguntó:</p>
<p><em>- ¿Es verdad que usted de joven tenía una cola de sirena?</em></p>
<p>Y dale con las sirenas, a veces a mi hermana habría que taparle la boca con esparadrapo para que no diga tantas tonterías. Pero gracias a su ocurrencia, supimos lo que era un sereno. El señor Rufino nos lo explicó.</p>
<p>Los serenos eran señores que durante muchos años se dedicaban a caminar por las calles de noche encendiendo las farolas, vigilando el vecindario y cargando un montón de llaves que abrían todas las puertas. Pero con el tiempo, la función del sereno había dejado de ser importante. Así que el señor Rufino se había jubilado.</p>
<p>Desde aquel momento, mi hermana y yo admiramos más todavía al señor Rufino. ¡Un hombre que enciende las farolas, con lo altas que son! ¿No me digáis que no es cosa de magia? Además, el señor Rufino era tan misterioso, siempre recorriendo las calles por la noche, con su elegante corbata y su anticuado sombrero verde.</p>
<p>Hace poco dejamos de verle. Simplemente desapareció. ¿Qué le habría pasado al señor Rufino? Como siempre mi hermana, se lanzó a proponer ideas absurdas.</p>
<p><em>-No me creo eso que nos contó de los serenos. Seguro que le ha vuelto a salir una cola de sirena y ha tenido que volver al mar.</em><br />
Y dale con las sirenas. ¡Qué pesada es mi hermana a veces!</p>
<p>Pero yo tengo mi propia teoría sobre el señor Rufino. Justo cuando desapareció, el mismísimo día, instalaron en la plaza unas farolas nuevas, preciosas. En el centro, justo en el centro, había una más grande y más elegante que el resto. Era blanca y verde, igual que el señor Rufino cuando salía a pasear cada noche.</p>
<p>Ya sé que pensaréis que es una locura. Pero estoy seguro de que el señor Rufino, el sereno, se ha convertido en esa nueva y elegante farola.</p>
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		<title>Cuento a la vista: El reloj dorado</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 10:53:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="768" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/reloj-600x768.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="reloj" title="reloj" /></p>Esta semana traemos un poco de magia en nuestro Cuento a la vista y os contamos la historia del señor Rafael y su enorme reloj dorado. Acaso no os habéis preguntado nunca quién controla los horarios de trenes, quién hace que lleguen pronto, tarde o exactamente a su hora toda esa colección de ferrocarriles. Pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="768" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/12/reloj-600x768.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="reloj" title="reloj" /></p><p>Esta semana traemos un poco de magia en nuestro Cuento a la vista y os contamos la historia del señor Rafael y su enorme reloj dorado. Acaso no os habéis preguntado nunca quién controla los horarios de trenes, quién hace que lleguen pronto, tarde o exactamente a su hora toda esa colección de ferrocarriles. Pues hoy vamos a descubrir que es gracias a ese reloj dorado.</p>
<p>Aquí os dejamos esta historia de puntualidad, pero también de amor y de fidelidad. ¡Qué la disfrutéis!<span id="more-6110"></span></p>
<h3>El reloj dorado</h3>
<p>En la estación de trenes nunca faltaba a su cita el señor Rafael. ¿A quién esperaría horas y horas mirando su enorme reloj dorado?</p>
<p>Los niños del barrio siempre se reían del señor Rafael: ¡era tan extraño! Iba siempre vestido de punta en blanco, como si fuera a una boda, pero a una boda que hubiera tenido lugar hace muchos muchos años. Y es que el señor Rafael siempre llevaba un elegante sombrero de copa, unos bigotes puntiagudos y unas gafas redondas que le cubrían media cara.</p>
<p>Un día, el señor Rafael, al ver a los niños reír, se acercó con su reloj dorado y su bastón de madera.</p>
<p>- <em>Aunque no lo creáis, mi función es la estación es fundamental. Sin mí, los trenes nunca saldrían ni llegarían puntuales.</em></p>
<p>El señor Rafael les contó que durante décadas había dado cuerda a todos los relojes de la estación, y que él mismo se encargaba de controlar que los trenes salieran exactamente a su hora: ni un minuto antes, ni un minuto después.</p>
<p><em>- Y para eso ¿necesita ir usted tan elegante?</em><br />
<em> &#8211; No, voy tan elegante porque estoy esperando a alguien, pero eso es otra historia, niños. Ya os lo contaré algún día. Lo que sí puedo deciros es que este reloj dorado es mágico. Él controla el tiempo y hace que todo funcione.</em></p>
<p>Pero los niños, por supuesto, no creyeron ni una palabra de lo que les contó. Ahora todo estaba automatizado, y los trenes, tan modernos y rápidos, no necesitaban que nadie controlara los relojes de la estación y mucho menos un viejo reloj dorado.</p>
<p><em>- Lo que le pasa al señor Rafael es que está un poco mal de la cabeza.</em><br />
<em> &#8211; Pero, ¿será verdad eso de que está esperando a alguien?</em><br />
<em> &#8211; ¡Pues si es verdad llega con muchos años de retraso!</em></p>
<p>Verdad o mentira, la estación de trenes de aquel lugar presumía de ser la única en todo el país donde ningún tren había llegado jamás con retraso.</p>
<p>Verdad o mentira, el señor Rafael siempre acudía elegante y sonriente y siempre se marchaba con la cabeza agachada, mucho más triste que por las mañanas.</p>
<p>Así ocurría cada día hasta que una mañana, de uno de los trenes que llegaba de la costa, se bajó una extraña anciana. Llevaba un vestido blanco hasta los pies y una delicada sombrilla que ocultaba su cara llena de arrugas. ¿A dónde irá esta mujer tan rara? Se preguntaron asombrados los niños de la estación.</p>
<p>Pronto supieron la respuesta. La mujer de blanco se acercó con paso tranquilo hasta el banco de la estación en el que cada día, el señor Rafael miraba nervioso su reloj dorado.</p>
<p>Ninguno de los dos dijo nada, pero ambos se abrazaron con mucho cariño.</p>
<p><em>- ¿Me llevas a tomar un chocolate con churros, Rafael?</em> – preguntó con coquetería la mujer de blanco.</p>
<p>Y ambos se alejaron sonrientes por la estación, para asombro de los niños que siempre molestaban al señor Rafael.</p>
<p>Al día siguiente el señor Rafael, con su reloj dorado, no apareció por la estación.<br />
Y a partir de entonces, los trenes nunca volvieron a llegar puntuales.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cuento a la vista: Una sirena nada en Japón</title>
		<link>http://www.pequeocio.com/cuento-sirena-japon/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 16:16:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="606" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/11/japon2-600x606.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="japon" title="japon" /></p>El cuento a la vista de esta semana nos lleva hasta Japón. Hace ya casi un año, en marzo de 2011, un terrible terremoto y tsunami asoló este país, destruyendo muchas casas y las vidas de muchas personas. Por eso, aunque poco a poco todo ha vuelto a la normalidad, queremos recordar lo que allí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="606" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/11/japon2-600x606.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="japon" title="japon" /></p><p>El cuento a la vista de esta semana nos lleva hasta Japón. Hace ya casi un año, en marzo de 2011, un terrible terremoto y tsunami asoló este país, destruyendo muchas casas y las vidas de muchas personas. Por eso, aunque poco a poco todo ha vuelto a la normalidad, queremos recordar lo que allí ocurrió de la mejor manera que sabemos: a través de la fantasía.</p>
<p>Aquí os dejamos esta historia llena de magia, con la que por aquel entonces nos solidarizamos con Japón y hoy, queremos seguir enviándoles mucha mucha energía positiva. ¡Que la disfrutéis!<span id="more-5939"></span></p>
<h3>Una sirena nada en Japón</h3>
<p>Las noticias mostraban imágenes de un mar que arrasaba ciudades enteras, que sepultaba árboles, que convertía la tierra en infierno, en una nada de escombros difícilmente reconocible.</p>
<p>En Madrid, Taeko miraba a Mamá sin comprender nada:</p>
<p>- <em>¿De verdad eso está pasando donde vive la abuela?</em></p>
<p>Y Mamá, con los ojos más brillantes y profundos que nunca, asentía en silencio.</p>
<p><em>- ¿Y ahora la Abuela será una sirena?</em></p>
<p>Y Mamá no contestó, pero Taeko quiso pensar que era así, que la Abuela Chihiro se había convertido en una sirena que nadaba en aquella ciudad acuática.</p>
<p><em>- ¡Qué bien! Ahora que en vez de piernas, tiene una enorme cola de pez, la Abuela no volverá a quejarse de su artrosis.</em></p>
<p>Y Taeko se pasó la tarde imaginando cómo sería aquel Japón submarino, cómo sería vivir bajo el agua, si la sakura marina sería tan bella como las flores de los cerezos en la superficie. Taeko hasta imaginó una bandera, la de un Japón acuático donde Neptuno sería el emperador y la Abuela Chihiro, con su cola brillante de sirena, bailaría hasta el amanecer y sonreiría como lo hacía cada primavera, cuando después de un largo viaje, Taeko y Mamá llamaban a su puerta cargadas de maletas.</p>
<p>Y así fue como consiguió Taeko no sentirse triste al pensar que aquella primavera no harían aquel larguísimo viaje, que por mucho que lo deseara, la abuela Chihiro, con su cola de sirena, no estaría de vuelta cuando el Japón terrestre volviera a asombrar el mundo con su belleza y su fuerza interior.</p>
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		<title>Cuento a la vista: El niño David y la ballena</title>
		<link>http://www.pequeocio.com/cuento-nino-ballena/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Nov 2011 22:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="549" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/11/ballena-600x549.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="David y la ballena" title="David y la ballena" /></p>El cuento a la vista de esta semana nos lleva hasta la costa, hasta un pueblo con mar en el que no para de llover. ¿Quién no ha tenido unas vacaciones en las que la lluvia lo ha estropeado todo? Seguro que más de uno. Con este cuento queremos demostrar que a veces, hasta las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="549" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/11/ballena-600x549.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="David y la ballena" title="David y la ballena" /></p><p>El cuento a la vista de esta semana nos lleva hasta la costa, hasta un pueblo con mar en el que no para de llover. ¿Quién no ha tenido unas vacaciones en las que la lluvia lo ha estropeado todo? Seguro que más de uno. Con este cuento queremos demostrar que a veces, hasta las vacaciones más desastrosas se pueden salvar con la ayuda de la fantasía, porque no hay nada mejor que la imaginación para escaparse de la realidad y dibujarse una a medida mucho más perfecta.</p>
<p>Espero que disfrutéis con la aventura del niño David y sus sueños piratas. <span id="more-5898"></span></p>
<h3>El niño David y la ballena</h3>
<p>Llevaba cuatro días lloviendo sin parar. Los cuatro días que David y su familia llevaban de vacaciones.</p>
<p>Llovía con fuerza sobre la playa vacía, llovía sin tregua sobre el techo de la caravana en la que el niño David y su familia inventaban maneras de pasar el tiempo, de esperar a que aquella lluvia interminable se tomara un descanso.</p>
<p>Jugaron a las cartas.<br />
Jugaron a la oca y al parchís.<br />
Jugaron al ajedrez, a las damas y también al dominó.<br />
Pero el tiempo no pasaba.<br />
La lluvia tampoco.</p>
<p>El niño David miraba por la ventana y suspiraba. Él tenía tantos proyectos para aquellas vacaciones en el mar&#8230;</p>
<p>Quería construir un castillo de arena e invitar a su princesa a jugar a las palas.<br />
Quería bucear entre las olas y que las sirenas le enseñaran a respirar bajo el agua.<br />
Quería después nadar y nadar y nadar. Llegar a alta mar y encontrarse con unos piratas de los de parche en el ojo y pata de palo.<br />
Quería navegar con ellos por mil mares, de punta a punta del planeta, por cada continente y cada océano. Después, cuando decidiera volver a casa, cansado de tanto conocer mundo, lo haría subido a una enorme ballena.</p>
<p>Sería una ballena de piel brillante, que siempre le daría conversación, y siempre sería de lo más interesante.<br />
Ella le contaría lo que era ser una ballena, y el niño David que no siempre le gustaba ir a la escuela.<br />
Ella le hablaría de los cazadores furtivos, y él de lo que era ser un pirata fugitivo.<br />
Ella, que como todas las ballenas sería vegetariana, le enseñaría a comer placton y otras plantas, y el niño David, muy sorprendido, se lo comería como si fuera el mejor de los bocadillos.</p>
<p>Luego, cuando llegaran de vuelta a la playa, ella se despediría soltando por sus pulmones un chorro de agua.</p>
<p>Y David saldría despedido hasta la playa, a donde llegaría hecho todo un pirata&#8230;</p>
<p><em>- David, David&#8230;¡deja de dormir! Ponte el bañador que ha salido el sol&#8230;</em></p>
<p>Así que por fin se fueron a la playa&#8230;<br />
¿Cumpliría el niño David sus propósitos de pirata?</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cuento a la vista: La anciana del cuarto B</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 16:31:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos Infantiles]]></category>
		<category><![CDATA[Para niños]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento a la vista]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos contemporáneos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos cortos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="466" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/abuela_tejeroda-600x466.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="Anciana del cuarto B" title="Anciana del cuarto B" /></p>El título del Cuento a la vista de esta semana nos lleva hasta un edificio donde todos los niños viven asustados pensando que una de las vecinas, la anciana del cuarto B, es una malvada bruja que come niños. Sin embargo, gracias a la casualidad y a uno de los personajes del cuento, la Cuca, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="466" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/abuela_tejeroda-600x466.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="Anciana del cuarto B" title="Anciana del cuarto B" /></p><p>El título del <a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista</a> de esta semana nos lleva hasta un edificio donde todos los niños viven asustados pensando que una de las vecinas, la anciana del cuarto B, es <strong>una malvada bruja que come niños</strong>. Sin embargo, gracias a la casualidad y a uno de los personajes del cuento, la Cuca, los niños descubrirán que dejarse llevar solo por<strong> las apariencias suele hacer que nos equivoquemos </strong>a la hora de juzgar a la gente. Este cuento habla además de las personas mayores, de <strong>los abuelos</strong>, que no siempre reciben la atención que merecen de las personas que más quieren.</p>
<p>¿Hace cuánto que no le dices a tus abuelos <strong>cuánto les quieres</strong>? A lo mejor después de leer este texto te entran muchas ganas de hacerlo. Ellos te lo agradecerán.<span id="more-5730"></span></p>
<h3>La anciana del cuarto B</h3>
<p>A pesar de que casi nunca se dejaba ver, todos los niños del edificio le tenían un miedo atroz a la anciana del cuarto B. No hablaba con nadie, apenas salía de casa y decían los mayores del lugar que tenía tantos años como aquel viejo edificio, o quizá más. Siempre había estado ahí, con su cara llena de arrugas, sus ojos achinados enmarcados en unas gruesas gafas redondas, y un enorme y plateado moño que llevaba en lo alto de su pequeña cabeza. ¿Quién era aquella anciana silenciosa?</p>
<p>Los niños del edificio pensaban que debía ser una bruja:</p>
<p>- <em>Pero si es una bruja, ¿cómo es que no tiene gatos?</em> – dudaban algunos.<br />
- <em>Es verdad, todas las brujas de mis cuentos tienen gatos negros y narices afiladas…</em><br />
<em>- Pero eso son tonterías de los cuentos…seguro que en la vida real las brujas pueden tener muy diversos aspectos…</em></p>
<p>La única mujer que se relacionaba con la anciana del cuarto B era la Cuca, una soltera cincuentona que una vez a la semana entraba a la casa a hacer la limpieza y cocinar para la anciana lo que comería el resto de la semana.</p>
<p>- ¿<em>No te da miedo entrar en su casa, Cuca? Mira que si es una bruja…</em><br />
<em> &#8211; ¡Qué bobadas decís! No es más que una tranquila abuelita sentada en su sillón que teje y teje sin parar.</em><br />
<em> &#8211; ¿Teje sin parar? Eso es muy extraño, Cuca, ¿y para quién teje?</em><br />
<em> &#8211; Pues dice que para sus nietos.</em><br />
<em> &#8211; Para sus nietos, ¿qué nietos? Si nadie viene a visitarla nunca</em>…</p>
<p>A los niños aquellos de los nietos le sonaba a chamusquina: ¿no sería que tenía encerrados a muchos niños y tejía ropa para ellos? Pero aquello tampoco tenía mucho sentido…</p>
<p>Un día la Cuca se encontró a la anciana del cuarto B muy enferma. Llamaron al médico, que afirmó que tendría que estar en cama al menos dos semanas y que debía estar vigilada para ver si empeoraba. Pronto se levantó un gran revuelo en el edificio:</p>
<p><em>- ¿Y ahora qué hacemos?</em><br />
<em> &#8211; ¿Quién se encargará de ella? Mira que yo no tengo tiempo…</em><br />
<em> &#8211; Pues que se encargue su familia…</em><br />
<em> &#8211; Pero si no tiene…</em></p>
<p>Uno a uno, todos los vecinos fueron poniendo excusas para no atender, ni siquiera un rato, a la anciana del cuarto B. Finalmente la Cuca, visiblemente enfadada, se ofreció a quedarse en su casa el tiempo que necesitara hasta que se pusiera de nuevo bien. Pero eso sí, con una condición.</p>
<p>- <em>Que todas las tardes los niños del edificio suban a merendar al cuarto B. Yo les prepararé la comida y así harán compañía a la vieja.</em></p>
<p>A los niños aquella idea les pareció terrible: entrar en casa de aquella bruja que encerraba niños. ¡Qué miedo! Pero la Cuca se puso tan seria que a los padres no les quedó otro remedio que aceptar el trato.</p>
<p>Aquella tarde acudieron todos muy asustados al cuarto B. Pero la casa no era tal y como la habían imaginado. Estaba limpia y muy ordenada, a pesar de estar llenísima de cosas. La Cuca les hizo pasar a la habitación. La anciana estaba despierta y cuando les vio entrar su cara se iluminó con una sonrisa. Era la primera vez que la veían sonreír.</p>
<p>- <em>Pero pasad, no os quedéis en la puerta</em> – afirmó con una voz débil. &#8211; <em>Me ha dicho la Cuca que vendréis a visitarme cada día. ¡Qué amables!</em></p>
<p>Los niños fueron entrando con timidez, y sentándose en la sillas que la Cuca había preparado para ellos. De repente, ya no tenían miedo. La anciana del cuarto B les dijo que se llamaba Jacinta, pero que cuando era joven, sus amigos habían empezado a llamarla Cinta, y Cinta se había quedado. Les contó que tenía muchos nietos, pero que nunca la visitaban, y que ella les echaba de menos.</p>
<p>Estuvieron hablando así toda la tarde, un día y otro día, hasta que la anciana se puso buena y ya no hizo falta que la cuidara la Cuca. Pero aunque el trato ya se había cumplido, los niños del edificio siguieron acudiendo a visitar a Cinta algunas tardes. Le daban conversación mientras ella tejía y tejía.</p>
<p>Y fue así como el siguiente invierno, todos los niños del edificio, lucieron las bufandas más coloridas y calentitas de todo el barrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
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		<title>Cuento a la vista: La niña que no sabía reír</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 09:21:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos Infantiles]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="772" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/cuento_nina_sonrisa.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cuento niña que no sabía reir" title="cuento_nina_sonrisa" /></p>Esta semana nuestro Cuento a la vista nos trae la historia de Tina, una niña muy especial con un pequeño gran problema: no sabe reír. Imaginad que algo os hace gracia y aún así no podéis reiros&#8230;¡Vaya situación más complicada! Pero que sea un cuento sin risas, no es un cuento triste. Al contrario, esta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="772" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/cuento_nina_sonrisa.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cuento niña que no sabía reir" title="cuento_nina_sonrisa" /></p><p>Esta semana nuestro <strong><a href="http://www.pequeocio.com/cuento-a-la-vista/">Cuento a la vista</a></strong> nos trae la historia de Tina, una niña muy especial con un pequeño gran problema: <strong>no sabe reír</strong>. Imaginad que algo os hace gracia y aún así no podéis reiros&#8230;¡Vaya situación más complicada!</p>
<p>Pero que sea un cuento sin risas,<strong> no es un cuento triste</strong>. Al contrario, esta historia pretende ser toda una lección de como <strong>con ingenio</strong> y una pequeña ayuda de nuestros amigos, <strong>podemos solucionar todos los problemas</strong>, incluso los más difíciles.</p>
<p>¿Queréis saber cómo solucionó Tina su pequeño gran problema?&#8230; ¡Descubridlo a continuación en este <a href="http://www.pequeocio.com/ninos/cuentos-infantiles/"><strong>cuento</strong></a>!</p>
<h3><span id="more-5687"></span>La niña que no sabía reír</h3>
<p>Siempre hay cosas que uno, por más que se empeñe, es incapaz de hacer. Julito el hijo de doña Leonor no podía guiñar el ojo. Trataba de hacerlo pero cerraba siempre los dos a la vez. Sonia, la hermana mayor de Santi, no conseguía aprender a hacer el pino. ¡Anda que no se había pegado tortazos intentando imitar a sus amigas! Malena, la frutera del barrio, no podía pronunciar la erre, y Matías, el abuelo de Jaime, no conseguía jamás acabar una frase.</p>
<p>Pero a nadie parecía importarle aquello. No guiñar un ojo, no poder hacer el pino, no pronunciar la erre o enmarañarse siempre en frases infinitas, eran cosas con las que uno podía vivir tranquilamente. Sin embargo, lo que Tina era incapaz de hacer preocupaba mucho a sus padres, porque Tina, no sabía reír.</p>
<p>La habían llevado a psicólogos, médicos, pedagogos y hasta curanderos pero nadie parecía saber porque Tina no podía reír. Su madre estaba preocupadísima:</p>
<p><em>- Pero Tina, hija mía, ¿es que acaso no eres feliz?</em></p>
<p>Pero aquello no tenía nada que ver con la felicidad. Tina no estaba triste, ni se sentía desgraciada, simplemente no sabía reír. Y eso, a pesar de que había muchas cosas en el vecindario que le hacían gracia:</p>
<p>1.- Ver al pobre Julito tratando de guiñarle un ojo con picardía,<br />
2.- Hacer el pino al lado de Sonia y verla caer inevitablemente cuando intentaba imitarla.<br />
3.- Escuchar a Malena decir: ¿entonces, quieres una <em>gamita</em> de <em>gomero</em>, un <em>gepollo</em> y un kilo de <em>gábanos</em>?<br />
4.- Tratar de seguir las conversaciones absurdas del abuelo Matías.</p>
<p>Le hacían gracia, mucha, pero no se reía y entonces todos pensaban que era una niña aburrida, que nada le gustaba, que no era feliz. Y aquello sí que le ponía triste…</p>
<p>Hasta que un día, conoció a Miki. Como Julito, Malena, Sonia, Matías y ella misma, él tampoco era capaz de hacer algo. No podía hablar con la voz, aunque sí con las manos. Pero como nadie le entendía siempre llevaba una libreta consigo donde escribía lo que quería decir:</p>
<p>-<em> ¿Por qué no dibujas tus risas y haces como yo, sacarlas cada vez que algo te parezca gracioso?</em> – le escribió un día en su libreta.</p>
<p>A Tina aquella idea le pareció genial. Llegó corriendo a casa y cogió todos los rotuladores que tenía. Pintó una risita nerviosa. Pitó una carcajada tronchante. Pintó una sonrisa amable. Pintó una risotada gamberra y así hasta doce dibujos distintos que describían cada uno de los momentos de risa que Tina sentía, aunque no pudiera expresar.</p>
<p>Aquella misma tarde salió a contárselo a Julito, quien, entusiasmado con la idea, trató de guiñarle un ojo. Al verle hacer aquellas muecas, Tina sacó su dibujo de risa cómplice.</p>
<p>Luego se encontró con el Abuelo Matías, y juntos se rieron con el dibujo de la risa contagiosa.</p>
<p>A Malena, sin embargo, no le gustó la sonrisa pícara de Tina, y Sonia se enfadó al ver su tarjeta de muerta de la risa.</p>
<p>- <em>Me temo que más de una vez, hay que aguantarse la risa</em> – pensó Tina.</p>
<p>Pero reírse por dentro no era un problema para ella. Llevaba años haciéndolo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cuento a la vista: La farola dormilona</title>
		<link>http://www.pequeocio.com/cuento-farola-dormilona/</link>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 16:48:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuentoalavista</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="600" height="574" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/farola_dormilona.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="farola_dormilona" title="farola_dormilona" /></p>El cuento a la vista de esta semana en Pequeocio no habla de hipopótamos bailarines, ni de conejos sin orejas, sino de una farola un poco perezosa, que prefiere quedarse durmiendo cuando el resto de sus compañeras comienza a trabajar. Eso nos pasa a muchos de nosotros&#8230;¡seguro! La historia de esta farola viene de hace [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="574" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2011/10/farola_dormilona.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="farola_dormilona" title="farola_dormilona" /></p><p>El <a href="http://www.pequeocio.com/cuento-a-la-vista/"><strong>cuento a la vista</strong></a> de esta semana en Pequeocio no habla de <strong>hipopótamos bailarines</strong>, ni de <strong>conejos sin orejas</strong>, sino de una <strong>farola un poco perezosa</strong>, que prefiere quedarse durmiendo cuando el resto de sus compañeras comienza a trabajar. Eso nos pasa a muchos de nosotros&#8230;¡seguro!</p>
<p>La historia de esta farola viene de hace mucho, mucho tiempo. Nació de una redacción del colegio de cuando era solo una niña, como muchos de vosotros. Con el tiempo, la farola dormilona cambió de forma, pero la idea de aquel <a href="http://www.pequeocio.com/ninos/cuentos-infantiles/"><strong>cuento infantil</strong></a> nacido sobre un pupitre de escuela permanece. Con el tiempo, además, se completó con la preciosa ilustración de <strong>Raquel Blázquez</strong>. Y quedó lo que quedó, esta historia sobre el día y la noche, y sobre la función que todos tenemos en la vida. ¡Espero que os guste mucho!<span id="more-5569"></span></p>
<h3>La farola dormilona</h3>
<p>Las farolas, como buenas farolas, trabajaban por la noche y dormían por el día. Cerraban sus ojos cuando llegaba el sol, y dormían durante horas. Más tarde, cuando comenzaba a oscurecer, los ojos de las farolas, llenos de luz, se encendían para iluminar las calles.</p>
<p>Así era su vida y a todas les gustaba vivir así: de noche, en calles vacías, con toda la ciudad durmiendo y la luna en lo más alto presidiendo el cielo. A todas menos a una. Vivía en un parque de la ciudad y la llamaban la farola dormilona porque se pasaba la noche durmiendo y por el día, cuando nadie necesitaba de su luz, se mantenía encendida y brillante. Sus compañeras se pasaban el día regañándola:</p>
<p>- <em>¡Como sigas así acabarán por pensar que estás estropeada!</em></p>
<p><em>- No te das cuenta de que tu función es estar encendida por la noche…</em></p>
<p><em>- Claro, por el día no eres más que un gasto de electricidad innecesario.</em></p>
<p>La farola dormilona sabía que sus amigas tenían razón, pero no podía evitarlo. A ella le gustaba estar despierta de día, cuando la calle estaba llena de gente y de actividad, cuando los pájaros cantaban alegres y los niños correteaban por el parque.</p>
<p><em>- Pero es que la noche es tan aburrida… Nunca pasa nada, ni nadie…</em></p>
<p>Hasta que un día llegó al parque un viejo búho. Se había escapado del bosque porque sus ojos cansados ya no podían ver en la oscuridad como antes.</p>
<p>- <em>Vete a la ciudad</em> – le habían dicho sus amigos –.<em> Allí siempre hay luz, incluso de noche.</em></p>
<p>Así que el viejo búho había cogido todas sus pertenencias, pocas, la verdad, pues no era animal de acumular cosas, y había llegado hasta el parque donde vivía la farola dormilona. Tal y como era su costumbre, durmió todo el día y por la noche, al abrir los ojos, se encontró con aquella cálida luz de las farolas. Tan feliz estaba con aquel resplandor que permitía ver a sus ojos gastados, que se puso a ulular.</p>
<p>Todas las farolas se pasaron días comentando la belleza y singularidad de aquel canto del búho, tan diferente a lo que habían escuchado hasta entonces. Todas, menos la farola dormilona…</p>
<p>- <em>¿Y de verdad es tan extraño ese canto?</em></p>
<p><em>- Es increíble, estoy deseando que llegue la noche solo para oírlo.</em></p>
<p>-<em> Pero, ¿ese tal búho no puede cantar por las mañanas?</em></p>
<p>-<em> No, si quieres escucharlo tendrás que quedarte despierta por la noche, como todas las demás.</em></p>
<p>Tanto le picó la curiosidad a la farola dormilona, que la siguiente noche, en contra de su costumbre, permaneció con sus dos ojos luminosos abiertos. Era la primera vez que se quedaba despierta y le sorprendió la belleza de la luna, el sonido de los grillos entre los arbustos y sobre todo, aquel canto profundo del viejo búho.</p>
<p>A la mañana siguiente estaba tan cansada, después de haberse mantenido despierta tantas horas, que no le quedó más remedio que dormir y dormir. Hasta que llegó la oscuridad y sus ojos se abrieron para iluminar la noche.</p>
<p>Y así, día tras día. Noche tras noche. Nadie volvió a llamarla la farola dormilona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Encuentra más cuentos en <strong><a href="http://www.cuentoalavista.com/search/label/cuentos">Cuento a la vista, el blog de cuentos infantiles.</a></strong></em></p>
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