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	<title>PequeOcio &#187; Cuentos de princesas</title>
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	<description>Las mejores ideas de ocio para disfrutar del tiempo libre con los niños: cine, cuentos, canciones, dibujos y manualidades, ocio local, viajes con niños...</description>
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		<title>Cuentos de princesas Disney: La Sirenita</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Sep 2009 22:57:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pequeocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="342" height="244" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/09/la-sirenita-e1266410770113.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="la sirenita" title="la sirenita" /></p>Revive el clásico cuento de Disney]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="342" height="244" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/09/la-sirenita-e1266410770113.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="la sirenita" title="la sirenita" /></p><p>Tengo que reconocer que <strong>la sirenita Ariel</strong> es una de mis <a href="http://www.pequeocio.com/cuentos-infantiles-la-cenicienta/"><strong>princesas Disney</strong></a> favoritas&#8230; y la historia de <strong>La Sirenita</strong> una de las más románticas.</p>
<p><strong>La sirenita es un cuento de hadas</strong> escrito por el escritor y poeta danés <strong>Hans Christian Andersen</strong> (1805-1875), famoso por sus <a href="http://www.pequeocio.com/cuentos-infantiles/"><strong>cuentos para niños</strong></a>. Fue publicado por primera vez el 7 de abril de 1837.</p>
<p><span id="more-680"></span></p>
<p>El 17 de noviembre de 1989, <a href="http://www.pequeocio.com/tag/disney/"><strong>Walt Disney Pictures</strong></a> estrenó la primera película de animación de <strong>La Sirenita (The Little Mermaid)</strong> basada en el cuento de Andersen. Sin embargo, existen algunas diferencias entre el texto original y la producción de Disney, entre las que se pueden destacar:</p>
<p>1. Andersen no le puso nombre propio a La sirenita (en la película se llama Ariel).</p>
<p>2. La bruja original tiene un papel muy secundario, y no es un personaje maligno, sino en cierto modo neutral.</p>
<p>3. En el cuento, el príncipe está enamorado de otra princesa desde el principio.</p>
<p>4. Los finales son completamente distintos. En el cuento, La sirenita no consigue el amor del príncipe, mientras que en la película el amor entre ellos acaba triunfando frente a las adversidades.</p>
<p>Pero Disney se podía permitir esas licencias a cambio de sus maravillosas películas de animación ¿no creéis?&#8230;</p>
<h3>La Sirenita</h3>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="445" height="364" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/whCLiDswnXQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x234900&amp;color2=0x4e9e00&amp;border=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="445" height="364" src="http://www.youtube.com/v/whCLiDswnXQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x234900&amp;color2=0x4e9e00&amp;border=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas&#8230;</p>
<p><!--more--></p>
<p>La Sirenita, la más joven, además de ser la más bella poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusas al oírla dejaban de flotar.</p>
<p>La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.</p>
<p>-¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!</p>
<p>-Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-682" title="la sirenita" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/09/la-sirenita-300x270.jpg" alt="la sirenita" width="300" height="270" />La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.</p>
<p>Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.</p>
<p>-¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!</p>
<p>>Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.</p>
<p>-¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.</p>
<p>Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!&#8221;, pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”</p>
<p>A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.</p>
<p>La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.</p>
<p>-¡Cuidado! ¡El mar&#8230;! -en vano la Sirenita gritó y gritó.</p>
<p>Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.</p>
<p>El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.</p>
<p>Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.</p>
<p>-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito&#8230;! ¡Ha sido la tormenta&#8230;! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda&#8230;</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-684" title="principe la sirenita" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/09/principe-la-sirenita-300x180.jpg" alt="principe la sirenita" width="300" height="180" />La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.</p>
<p>-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.</p>
<p>La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.</p>
<p>Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!</p>
<p>Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.</p>
<p>Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-686" title="ursula la sirenita" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/09/ursula-la-sirenita.gif" alt="ursula la sirenita" width="260" height="321" /></p>
<p>-¡&#8230;por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.</p>
<p>-¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!</p>
<p>No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.</p>
<p>-¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.</p>
<p>Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.</p>
<p>-No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?</p>
<p>Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.</p>
<p>-Te llevaré al castillo y te curaré.</p>
<p>Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.</p>
<p>Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.</p>
<p>Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.</p>
<p>La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.</p>
<p>Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:</p>
<p>-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.</p>
<p>Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.</p>
<p>Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:</p>
<p>-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!</p>
<p>-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?</p>
<p>-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.</p>
<p>La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:</p>
<p>-¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.</p>
<p>-¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.</p>
<p>Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.</p>
<p>Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.</p>
<p>Fuente: <a href="http://www.conmishijos.com/articuloexpertos.php?id=408">conmishijos</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_sirenita">wikipedia</a></p>
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		<title>Cuentos populares infantiles: Caperucita Roja</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 11:21:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jelen</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="450" height="650" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/caperucita-roja.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="caperucita-roja" title="caperucita-roja" /></p>Y entre los cuentos populares infantiles no podía faltar el de Caperucita Roja y el lobo. Un cuento cuya moraleja es evitar que los niños hablen con desconocidos, algo que hoy en día no viene nada mal&#8230; Así que, si quieres aleccionar a tu hijo sobre este peligro, cuéntale el cuento de Caperucita Roja o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="450" height="650" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/caperucita-roja.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="caperucita-roja" title="caperucita-roja" /></p><p>Y entre los <a href="http://www.pequeocio.com/cuentos-infantiles/">cuentos populares infantiles</a> no podía faltar el de Caperucita Roja y el lobo. Un cuento cuya <a href="http://www.pequeocio.com/el-patito-feo-cuentos-infantiles/">moraleja</a> es evitar que los niños hablen con desconocidos, algo que hoy en día no viene nada mal&#8230; Así que, si quieres aleccionar a tu hijo sobre este peligro, cuéntale el cuento de Caperucita Roja o ponle este vídeo maravillosamente narrado. Seguro que entenderá el mensaje&#8230;</p>
<p><span id="more-490"></span></p>
<p>Aunque Walt Disney nunca lo llevó al cine junto a los otros <a href="http://www.pequeocio.com/tag/cuentos-clasicos/">cuentos clásicos</a>, Caperucita Roja es todo un icono de la cultura popular y, en muchas ocasiones, ha influido en la sociedad urbana la creencia de que los lobos son peligrosos para los seres humanos.</p>
<p><a title="Charles Perrault" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Perrault">Perrault</a> fue el primero que recogió esta historia y la incluyó en un volumen de cuentos (1697). En 1812, los <a title="Hermanos Grimm" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Grimm">hermanos Grimm</a>, dieron otra vuelta de tuerca a la historia. Retomaron el cuento, y escribieron una nueva versión, que fue la que hizo que Caperucita fuera conocida casi universalmente, y que, aún hoy en día, es la más leída.</p>
<p style="text-align: center;"><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/thFMqZpQweg&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/thFMqZpQweg&amp;hl=es&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object>
</p>
<h3>El cuento de Caperucita Roja</h3>
<p>Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.</p>
<p>Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.</p>
<p>Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas&#8230;</p>
<p>De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.</p>
<p>- ¿A dónde vas, niña? — le preguntó el lobo con su voz ronca.<br />
- A casa de mi abuelita— le dijo Caperucita.<br />
- No está lejos — pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.</p>
<p><a href="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/caperucita.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-494" title="caperucita" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/caperucita-300x243.jpg" alt="caperucita" width="300" height="243" /></a>Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: &#8211; El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.</p>
<p>Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.</p>
<p>El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.</p>
<p>- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!<br />
- Son para verte mejor &#8211; dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.<br />
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!<br />
- Son para oírte mejor — siguió diciendo el lobo.<br />
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!<br />
- Son para&#8230;¡comerte mejoooor! — y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.</p>
<p>Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un serrador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.</p>
<p>El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!. Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.</p>
<p>En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.</p>
<p>Texto completo de <strong><a title="Caperucita Roja (Grimm)" href="http://es.wikisource.org/wiki/Caperucita_Roja_%28Grimm%29">Caperucita Roja (Grimm)</a></strong></p>
<p><strong>Fuente</strong>: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caperucita_Roja">Wikipedia</a><br />
<strong>Imagen</strong>: Annie Rodriguez</p>
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		<title>La Cenicienta. Cuentos infantiles de princesas.</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 11:41:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jelen</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img width="286" height="425" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/cenicienta-poster.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="cenicienta-poster" title="cenicienta-poster" /></p>Uno de los cuentos infantiles más populares es sin duda La Cenicienta. ¿Qué niño no conoce la historia del zapatito de cristal?&#8230; La Cenicienta es un personaje de un cuento de hadas del cual existen varias versiones, tanto orales como escritas, en Europa. Aschenputtel, Cendrillon, Cinderella y Cenerentola son sólo algunos de sus nombres. Las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="286" height="425" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/cenicienta-poster.jpg" class="attachment-single-post-thumbnail wp-post-image" alt="cenicienta-poster" title="cenicienta-poster" /></p><p>Uno de los <a href="http://www.pequeocio.com/cuentos-infantiles/">cuentos infantiles más populares</a> es sin duda La Cenicienta. ¿Qué niño no conoce la historia del zapatito de cristal?&#8230;</p>
<p><strong>La Cenicienta</strong> es un personaje de un cuento de hadas del cual existen varias versiones, tanto orales como escritas, en Europa. Aschenputtel, Cendrillon, Cinderella y Cenerentola son sólo algunos de sus nombres.</p>
<p>Las versiones más conocidas son las del francés <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Perrault">Charles Perrault</a> y la de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Grimm">Hermanos Grimm</a>. <a href="http://www.pequeocio.com/tag/disney/"><strong>Walt Disney</strong></a> realizó una versión en 1950 de la Cenicienta, la cual se asemeja más a la de <strong>Perrault</strong> que a la de los <strong>Hermanos Grimm</strong>, razón por la cual en América es ésta la más conocida. Sin duda, éste es uno de los ejemplos en los que la película ha superado al cuento original.</p>
<p><span id="more-409"></span></p>
<p>Pero vamos allá con el cuento:</p>
<h3>La Cenicienta</h3>
<p>Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás se haya visto. Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían en todo.</p>
<p>El marido, por su lado, tenía una hija, pero de una dulzura y bondad sin par; lo había heredado de su madre que era la mejor persona del mundo.</p>
<p>Junto con realizarse la boda, la madrasta dio libre curso a su mal carácter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que hacían aparecer todavía más odiables a sus hijas. La obligó a las más viles tareas de la casa: ella era la que fregaba los pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la señora y de las señoritas sus hijas; dormía en lo más alto de la casa, en una buhardilla, sobre una mísera pallasa, mientras sus hermanas ocupaban habitaciones con parquet, donde tenían camas a la última moda y espejos en que podían mirarse de cuerpo entero.</p>
<p>La pobre muchacha aguantaba todo con paciencia, y no se atrevía a quejarse ante su padre, de miedo que le reprendiera pues su mujer lo dominaba por completo. Cuando terminaba sus quehaceres, se instalaba en el rincón de la chimenea, sentándose sobre las cenizas, lo que le había merecido el apodo de Culocenizón. La menor, que no era tan mala como la mayor, la llamaba Cenicienta; sin embargo Cenicienta, con sus míseras ropas, no dejaba de ser cien veces más hermosa que sus hermanas que andaban tan ricamente vestidas.</p>
<p>Sucedió que el hijo del rey dio un baile al que invitó a todas las personas distinguidas; nuestras dos señoritas también fueron invitadas, pues tenían mucho nombre en la comarca. Helas aquí muy satisfechas y preocupadas de elegir los trajes y peinados que mejor les sentaran; nuevo trabajo para Cenicienta pues era ella quien planchaba la ropa de sus hermanas y plisaba los adornos de sus vestidos. No se hablaba más que de la forma en que irían trajeadas.</p>
<p>-Yo, dijo la mayor, me pondré mi vestido de terciopelo rojo y mis adornos de Inglaterra.<br />
-Yo, dijo la menor, iré con mi falda sencilla; pero en cambio, me pondré mi abrigo con flores de oro y mi prendedor de brillantes, que no pasarán desapercibidos.</p>
<p>Manos expertas se encargaron de armar los peinados de dos pisos y se compraron lunares postizos. Llamaron a Cenicienta para pedirle su opinión, pues tenía buen gusto. Cenicienta las aconsejó lo mejor posible, y se ofreció incluso para arreglarles el peinado, lo que aceptaron. Mientras las peinaba, ellas le decían:</p>
<p>-Cenicienta, ¿te gustaría ir al baile?<br />
-Ay, señoritas, os estáis burlando, eso no es cosa para mí.<br />
-Tienes razón, se reirían bastante si vieran a un Culocenizón entrar al baile.</p>
<p>Otra que Cenicienta les habría arreglado mal los cabellos, pero ella era buena y las peinó con toda perfección. Tan contentas estaban que pasaron cerca de dos días sin comer. Más de doce cordones rompieron a fuerza de apretarlos para que el talle se les viera más fino, y se lo pasaban delante del espejo.</p>
<p>Finalmente, llegó el día feliz; partieron y Cenicienta las siguió con los ojos y cuando las perdió de vista se puso a llorar. Su madrina, que la vio anegada en lágrimas, le preguntó qué le pasaba.</p>
<p>-Me gustaría&#8230; me gustaría&#8230;</p>
<p>Lloraba tanto que no pudo terminar. Su madrina, que era un hada, le dijo:</p>
<p>-¿Te gustaría ir al baile, no es cierto?<br />
-¡Ay, sí!, -dijo Cenicienta suspirando.<br />
-¡Bueno, te portarás bien!, -dijo su madrina-, yo te haré ir.</p>
<p>La llevó a su cuarto y le dijo:</p>
<p>-Ve al jardín y tráeme una calabaza.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-421" title="cuento-cenicienta" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/cuento-cenicienta-200x150.jpg" alt="cuento-cenicienta" width="200" height="150" />Cenicienta fue en el acto a coger el mejor que encontró y lo llevó a su madrina, sin poder adivinar cómo esa calabaza podría hacerla ir al baile. Su madrina lo vació y dejándole solamente la cáscara, lo tocó con su varita mágica e instantáneamente la calabaza se convirtió en un bello carruaje todo dorado.</p>
<p>En seguida miró dentro de la ratonera donde encontró seis ratas vivas. Le dijo a Cenicienta que levantara un poco la puerta de la trampa, y a cada rata que salía le daba un golpe con la varita, y la rata quedaba automáticamente transformada en un brioso caballo; lo que hizo un tiro de seis caballos de un hermoso color gris ratón. Como no encontraba con qué hacer un cochero:</p>
<p>-Voy a ver -dijo Cenicienta-, si hay algún ratón en la trampa, para hacer un cochero.<br />
-Tienes razón, -dijo su madrina-, anda a ver.</p>
<p>Cenicienta le llevó la trampa donde había tres ratones gordos. El hada eligió uno por su imponente barba, y habiéndolo tocado quedó convertido en un cochero gordo con un precioso bigote. En seguida, ella le dijo:</p>
<p>-Baja al jardín, encontrarás seis lagartos detrás de la regadera; tráemelos.</p>
<p>Tan pronto los trajo, la madrina los trocó en seis lacayos que se subieron en seguida a la parte posterior del carruaje, con sus trajes galoneados, sujetándose a él como si en su vida hubieran hecho otra cosa. El hada dijo entonces a Cenicienta:</p>
<p>- Bueno, aquí tienes para ir al baile, ¿no estás bien aperada?<br />
- Es cierto, pero, ¿podré ir así, con estos vestidos tan feos?</p>
<p>Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en magníficos vestidos de paño de oro y plata, todos recamados con pedrerías; luego le dio un par de zapatillas de cristal, las más preciosas del mundo. Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en zapallo, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y que sus viejos vestidos recuperarían su forma primitiva. Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche. Partió, loca de felicidad.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-420" title="imagenes_lacenicienta" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/imagenes_lacenicienta-263x300.jpg" alt="imagenes_lacenicienta" width="263" height="300" />El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar una gran princesa que nadie conocía, corrió a recibirla; le dio la mano al bajar del carruaje y la llevó al salón donde estaban los comensales. Entonces se hizo un gran silencio: el baile cesó y los violines dejaron de tocar, tan absortos estaban todos contemplando la gran belleza de esta desconocida. Sólo se oía un confuso rumor:</p>
<p>-¡Ah, qué hermosa es!</p>
<p>El mismo rey, siendo viejo, no dejaba de mirarla y de decir por lo bajo a la reina que desde hacía mucho tiempo no veía una persona tan bella y graciosa. Todas las damas observaban con atención su peinado y sus vestidos, para tener al día siguiente otros semejantes, siempre que existieran telas igualmente bellas y manos tan diestras para confeccionarlos. El hijo del rey la colocó en el sitio de honor y en seguida la condujo al salón para bailar con ella. Bailó con tanta gracia que fue un motivo más de admiración.</p>
<p>Trajeron exquisitos manjares que el príncipe no probó, ocupado como estaba en observarla. Ella fue a sentarse al lado de sus hermanas y les hizo mil atenciones; compartió con ellas los limones y naranjas que el príncipe le había obsequiado, lo que las sorprendió mucho, pues no la conocían. Charlando así estaban, cuando Cenicienta oyó dar las once y tres cuartos; hizo al momento una gran reverenda a los asistentes y se fue a toda prisa.</p>
<p>Apenas hubo llegado, fue a buscar a su madrina y después de darle las gracias, le dijo que desearía mucho ir al baile al día siguiente porque el príncipe se lo había pedido. Cuando le estaba contando a su madrina todo lo que había sucedido en el baile, las dos hermanas golpearon a su puerta; Cenicienta fue a abrir.</p>
<p>-¡Cómo habéis tardado en volver! -les dijo bostezando, frotándose los ojos y estirándose como si acabara de despertar; sin embargo no había tenido ganas de dormir desde que se separaron.</p>
<p>-Si hubieras ido al baile -le dijo una de las hermanas-, no te habrías aburrido; asistió la más bella princesa, la más bella que jamás se ha visto; nos hizo mil atenciones, nos dio naranjas y limones.</p>
<p>Cenicienta estaba radiante de alegría. Les preguntó el nombre de esta princesa; pero contestaron que nadie la conocía, que el hijo del rey no se conformaba y que daría todo en el mundo por saber quién era. Cenicienta sonrió y les dijo:</p>
<p>-¿Era entonces muy hermosa? Dios mío, felices vosotras, ¿no podría verla yo? Ay, señorita Javotte, prestadme el vestido amarillo que usáis todos los días.<br />
-Verdaderamente -dijo la señorita Javotte-, ¡no faltaba más! Prestarle mi vestido a tan feo Culocenizón&#8230; tendría que estar loca.</p>
<p>Cenicienta esperaba esta negativa, y se alegró, pues se habría sentido bastante confundida si su hermana hubiese querido prestarle el vestido.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-412" title="cenicienta21" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/cenicienta21-300x240.jpg" alt="cenicienta21" width="300" height="240" />Al día siguiente las dos hermanas fueron al baile, y Cenicienta también, pero aún más ricamente ataviada que la primera vez. El hijo del rey estuvo constantemente a su lado y diciéndole cosas agradables; nada aburrida estaba la joven damisela y olvidó la recomendación de su madrina; de modo que oyó tocar la primera campanada de medianoche cuando creía que no eran ni las once. Se levantó y salió corriendo, ligera como una gacela. El príncipe la siguió, pero no pudo alcanzarla; ella había dejado caer una de sus zapatillas de cristal que el príncipe recogió con todo cuidado.</p>
<p>Cenicienta llegó a casa sofocada, sin carroza, sin lacayos, con sus viejos vestidos, pues no le había quedado de toda su magnificencia sino una de sus zapatillas, igual a la que se le había caído. Preguntaron a los porteros del palacio si habían visto salir a una princesa; dijeron que no habían visto salir a nadie, salvo una muchacha muy mal vestida que tenía más aspecto de aldeana que de señorita.</p>
<p>Cuando sus dos hermanas regresaron del baile, Cenicienta les preguntó si esta vez también se habían divertido y si había ido la hermosa dama. Dijeron que sí, pero que había salido escapada al dar las doce, y tan rápidamente que había dejado caer una de sus zapatillas de cristal, la más bonita del mundo; que el hijo del rey la había recogido dedicándose a contemplarla durante todo el resto del baile, y que sin duda estaba muy enamorado de la bella personita dueña de la zapatilla. Y era verdad, pues a los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona cuyo pie se ajustara a la zapatilla.</p>
<p>Empezaron probándola a las princesas, en seguida a las duquesas, y a toda la corte, pero inútilmente. La llevaron donde las dos hermanas, las que hicieron todo lo posible para que su pie cupiera en la zapatilla, pero no pudieron. Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapatilla, dijo riendo:</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-413" title="cenicienta-zapatito-cristal" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/cenicienta-zapatito-cristal-300x240.jpg" alt="cenicienta-zapatito-cristal" width="300" height="240" />-¿Puedo probar si a mí me calza? Sus hermanas se pusieron a reír y a burlarse de ella. El gentilhombre que probaba la zapatilla, habiendo mirado atentamente a Cenicienta y encontrándola muy linda, dijo que era lo justo, y que él tenía orden de probarla a todas las jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando la zapatilla a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecha a su medida.</p>
<p>Grande fue el asombro de las dos hermanas, pero más grande aún cuando Cenicienta sacó de su bolsillo la otra zapatilla y se la puso. En esto llegó la madrina que, habiendo tocado con su varita los vestidos de Cenicienta, los volvió más deslumbrantes aún que los anteriores.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-416" title="la-cenicienta1" src="http://www.pequeocio.com/wp-content/uploads/2009/05/la-cenicienta1-200x150.jpg" alt="la-cenicienta1" width="200" height="150" />Entonces las dos hermanas la reconocieron como la persona que habían visto en el baile. Se arrojaron a sus pies para pedirle perdón por todos los malos tratos que le habían infligido. Cenicienta las hizo levantarse y les dijo, abrazándolas, que las perdonaba de todo corazón y les rogó que siempre la quisieran.</p>
<p>Fue conducida ante el joven príncipe, vestida como estaba. Él la encontró más bella que nunca, y pocos días después se casaron. Cenicienta, que era tan buena como hermosa, hizo llevar a sus hermanas a morar en el palacio y las casó en seguida con dos grandes señores de la corte.</p>
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