El gusano de seda y la araña. Fábula de Tomás de Iriarte

El gusano de seda y la araña fábula de Tomás de Iriarte

En la fábula de El gusano de seda y la araña, Tomás de Iriarte nos cuenta una pequeña disputa entre dos insectos con formas de trabajar muy distintas. Mientras la araña presume de tejer su tela con muchísima rapidez, el gusano de seda avanza despacio, hilo a hilo, creando algo mucho más valioso.

Con esta historia, el autor nos da una lección que todavía sirve hoy: en cualquier trabajo, la calidad es mucho más importante que la velocidad. No sirve de nada terminar algo rápido si el resultado es frágil y no tiene utilidad real.

Fábula de El gusano de seda y la araña

Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:

– ¿Qué dice de mi tela el señor gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía.
¡Mire qué sutil es, mire qué bella!…

El gusano, con sorna, respondía:

– ¡Usted tiene razón; así sale ella!»

La moraleja de la fábula

Un trabajo bien hecho lleva su tiempo, lo que se hace de prisa queda mal hecho.

¿Cuál era la moraleja de las fábulas de Tomás de Iriarte?

Detrás de las fábulas de Tomás de Iriarte no había simplemente una intención de entretener a los niños o de dar consejos morales típicos (como «no mientas» o «sé generoso»). Lo que realmente escondían sus versos era una defensa a ultranza de las reglas del arte y la literatura.

Aquí tienes los tres pilares que se ocultaban tras sus animales:

  • Un «manual de instrucciones» para artistas: Iriarte vivía en la Ilustración, una época donde se creía que todo debía tener una lógica y un orden. Sus fábulas funcionaban como críticas contra los escritores de su tiempo que eran descuidados, que escribían demasiado rápido o que confiaban solo en su «talento» natural sin estudiar las reglas.
  • La lucha contra la «chiripa» (suerte): Uno de sus mensajes más repetidos es que tener éxito por casualidad no tiene ningún mérito. El famoso burro que toca la flauta por accidente es la metáfora perfecta de alguien que hace algo bien una vez, pero no sabe por qué ni cómo repetirlo porque no tiene técnica.
  • Un campo de batalla personal: Detrás de muchos de sus poemas había dardos directos contra sus enemigos reales, especialmente contra Samaniego. Iriarte utilizaba a los animales para burlarse de las envidias literarias y de quienes robaban ideas de otros autores clásicos en lugar de ser originales.
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