Fábulas en verso de Tomás de Iriarte

Tomás de Iriarte fábulas en verso

Seguro que conoces la expresión ‘sonó la flauta por casualidad’. Pues bien, esa frase, y muchas otras lecciones sobre el esfuerzo y el arte, provienen directamente de la pluma de Tomás de Iriarte. Sus Fábulas literarias, cumbre del Neoclasicismo español, son mucho más que cuentos de animales; son ingeniosas píldoras de sabiduría que, disfrazadas de poesía, nos enseñan a valorar el trabajo bien hecho por encima de la mediocridad o el aplauso fácil de los ignorantes.

Estas son sus fábulas en verso más conocidas y populares:

Fábula de la rana y la gallina

Fábulas Cortas En Verso

Desde su charco, una parlera rana
oyó cacarear a una gallina.

-¡Vaya! -le dijo-; no creyera, hermana,
que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?

-Nada, sino anunciar que pongo un huevo.

– ¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!

– Un huevo sólo, sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
de oírte cómo graznas noche y día?
Yo, porque sirvo de algo, lo publico;
tú, que de nada sirves, calla el pico

La moraleja de la fábula

Al que hace algo se le puede perdonar que lo pregone; el que nada hace, debe callar.

Fábula de El gusano de seda y la araña

El Gusano De Seda Y La Araña, Fábula De Tomás De Iriarte

Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:

– ¿Qué dice de mi tela el señor gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía.
¡Mire qué sutil es, mire qué bella!…

El gusano, con sorna, respondía:

– ¡Usted tiene razón; así sale ella!»

La moraleja de la fábula

Un trabajo bien hecho lleva su tiempo, lo que se hace de prisa queda mal hecho.

Fábula de El burro flautista

El Burro Flautista Fábula De Tomás De Samaniego

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«¡Oh! -dijo el borrico-,
¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

La moraleja de la fábula

Quien no estudia y se prepara para una tarea, puede que la primera vez acierte y le salga bien, pero será solo casualidad. No podrá repetir su logro porque no sabe cómo hacerlo.

Fábula de El oso, la mona y el cerdo

El Oso La Mona Y El Cerdo Fabula De Tomas De Iriarte

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: «¿Qué tal?»
Era perita la mona,
y respondióle: «Muy mal».

«Yo creo -replicó el oso-
que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?»

Estaba el cerdo presente,
y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá».

Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto,
hubo de exclamar así:

«Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar».

Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
si el necio aplaude, ¡peor!

La moraleja de la fábula

Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios

Fábula de Los dos conejos

Los Dos Conejos Fábula En Verso De Tomás De Iriarte

Por entre unas matas,
seguido de perros
-no diré corría-
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»

«¿Qué ha de ser? -responde-;
sin aliento llego…
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

«Sí -replica el otro-,
por allí los veo…
Pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».

«¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».

«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».

En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

La moraleja de la fábula

No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal.

¿Quién fue Tomás de Iriarte?

Tomás De Iriarte Fábulas En Verso

Tomás de Iriarte fue una de las figuras más brillantes del Neoclasicismo español, destacando por sus Fábulas literarias publicadas en 1782. A diferencia de los fabulistas clásicos que daban lecciones de moral general como la prudencia o la envidia, Iriarte utilizó a los animales para crear verdaderos tratados de crítica literaria en verso. Su objetivo era muy específico: dar lecciones sobre cómo escribir bien y definir qué es el buen arte, atacando vicios como la pereza, la falta de técnica o la búsqueda de éxito fácil por encima del estudio y el rigor.

En sus relatos, el autor critica duramente a quienes trabajan rápido pero sin calidad, como ocurre en su fábula del gusano de seda y la araña, y se burla de quienes logran un éxito por pura suerte en lugar de por conocimiento técnico, como en el famoso caso del burro flautista. También advierte sobre el peligro de dejarse guiar por el aplauso de los ignorantes en El oso, la mona y el cerdo, sugiriendo que si un experto te critica debes dudar, pero si un necio te alaba, es señal inequívoca de que el trabajo es mediocre.

Como buen ilustrado, Iriarte seguía la máxima de enseñar deleitando, por lo que sus fábulas son claras, sencillas y extremadamente variadas en su métrica. Esta perfección técnica, que incluía el uso de redondillas, silvas y cuartetos, servía para demostrar que él dominaba las reglas que exigía a los demás creadores. Además, su carrera estuvo marcada por una fuerte rivalidad con Samaniego, de quien se diferenciaba por defender la originalidad total de sus tramas frente a las adaptaciones de autores clásicos. Su legado es tan profundo que muchas de sus expresiones siguen formando parte del habla cotidiana hoy en día, como la frase hecha «a ver si suena la flauta».

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