“Doctor, ¿qué padezco?…” Seguro que sabes cómo termina. Y también seguro que estos chistes de médicos te van a sacar más de una risa, a ti y a tus peques.
Hemos reunido chistes de médicos cortos, chistes de pacientes, bromas de hospitales y algunos especialmente pensados para niños. Son chistes graciosos, fáciles de contar y perfectos para sacar una sonrisa en casa, en clase o en cualquier rato en el que venga bien cambiar el “me duele aquí” por una carcajada.
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Chistes de médicos cortos
Hay chistes de médicos que no necesitan mucho rodeo: una consulta, una frase inesperada y el remate llega solo. Estos son cortos, fáciles de recordar y perfectos para contar en cualquier momento.
—Doctor, me he fracturado el brazo en varios lugares.
—Yo que usted no regresaría a esos lugares.
—Doctor, doctor, auscúlteme.
—¡Rápido, debajo de la cama!
—Oiga, doctor, cuando subo la pendiente para llegar a mi casa me fatigo muchísimo, ¿qué me aconseja tomar?
—Un taxi, señora.
—Doctor, doctor, todo el mundo me ignora.
—¡El siguiente!
—Doctor, llevo dos semanas sin comer ni dormir. ¿Qué cree que tengo?
—Hambre y sueño.
—Doctor, doctor, tengo un hueso afuera.
—Pues hágale pasar, que hace mucho frío.
—Doctor, me tiemblan mucho las manos.
—¿No será que bebe demasiado alcohol?
—Qué va, si lo derramo…
Chistes de médicos y pacientes
Las consultas médicas son terreno perfecto para los malentendidos, las respuestas absurdas y los pacientes que no ayudan demasiado. Estos chistes de médicos y pacientes juegan justo con eso.
—Doctor, vengo a que me revise porque me falla la memoria.
—Entendido, ¿desde cuándo le pasa?
—¿Que me pasa qué?
—Doctor, ¿qué me recomienda para mi asma?
—No fume, no beba y cómprese unos lentes.
—¿Y qué tienen que ver los lentes con el asma?
—Son para que encuentre la casa del doctor, que está abajo. Yo soy el albañil.
Un hombre va a la consulta del médico y le dice:
—Doctor, me he caído y me duelen mucho las piernas.
El doctor, después de examinarlo, le dice:
—No se preocupe, no es nada. Dentro de unos días ya estará usted trabajando.
—Caramba, doctor, qué maravilla. Además de curarme, ¿me dará trabajo?

Va un hombre muy peludo al médico y le dice:
—Doctor, ¿qué padezco?
Y el médico responde:
—Padece uzted un ozito.
—Doctor, doctor, ¿qué tal ha ido el parto?
—Bueno, todo muy bien, pero a su hijo le hemos tenido que poner oxígeno.
—¿Oxígeno? ¡Con la ilusión que me hacía llamarle Pepe!
El paciente al otorrinolaringólogo:
—Doctor, siento en el oído unos zumbidos imprecisos y unos golpes confusos.
—Póngase estas gotas y vuelva la próxima semana a la consulta.
Al cabo de una semana:
—¿Cómo se siente? —pregunta el doctor.
—Muy bien, doctor. Ahora oigo los zumbidos y los golpes mucho mejor.
—Doctor, doctor, deme algo para dejar de fumar.
—Tómese estas pastillas.
A la semana se encuentra con un amigo y le dice:
—El doctor me dio estas pastillas para quitarme las ganas de fumar.
—¿Y sigues fumando?
—Sí, pero sin ganas.
Chistes malos de médicos
Los chistes malos de médicos son como todos los demás chistes malos: sabes perfectamente que el remate es terrible… pero igual te hacen reír.
—Doctor, doctor, tengo tendencias suicidas. ¿Qué hago?
—Pues… ¡págueme ahora mismo!

– Doctor, un camello me ha dado una patada.
– ¿Dónde ha sido?
– En el desierto.
Durante una autopsia, el ayudante pregunta:
—Pero doctor, ¿usted cree de verdad que murió de parada cardiaca?
—Sí… Bueno, el hachazo en la cabeza pudo haber provocado la parada cardiaca.
—Doctor, ¿qué tal ha ido la operación?
—¿Operación?… ¿No era una autopsia?
—El cardiólogo me ha prohibido el café, el tabaco y el alcohol.
—Qué lástima… ¿y qué vas a hacer?
—Cambiar de cardiólogo.
—Doctor, ¿es grave lo mío?
—Digamos que si yo fuera usted, no empezaría a ver ninguna serie de televisión que tenga más de tres temporadas.
—Doctor, ¿es verdad que la zanahoria es buena para la vista?
—Claro que sí, ¿acaso has visto alguna vez a un conejo con lentes?
—Doctor, ¿qué significa este resultado?
—Significa que tiene usted una salud de hierro.
—¡Qué bien! ¿Y cuándo me dan el alta?
—El alta no sé, pero mañana lo pasamos por el detector de metales.
Chistes de doctores graciosos
Entre consultas imposibles, pacientes despistados y médicos con respuestas surrealistas, estos chistes de médicos graciosos son de los que te hacen reír aunque ya veas venir el remate.
Un hombre va al dentista y le dice:
—Doctor, tengo los dientes muy amarillos, ¿qué me recomienda?
—¡Corbata marrón!

—Doctor, mi hermano está loco, se cree una gallina.
—¿Y por qué no lo meten en un manicomio?
—Es que nos encantan los huevos frescos.
—Doctor, vengo a consulta porque sufro de doble personalidad.
—De acuerdo, siéntense los dos y vemos qué podemos hacer.
—Doctor, sufro de insomnio agudo. ¿Qué me recomienda?
—Tómese una copa de vino cada media hora.
—¿Y con eso me voy a dormir?
—No, pero va a pasar una noche divertidísima.
—Doctor, ¿qué me da para la flojera?
—Le voy a dar unas pastillas, pero regrese mañana por ellas.
—Uy no, doctor… mejor déjeme así.
—Doctor, ¿qué tengo?
—Mire, no encuentro el origen de sus dolores, pero sospecho que se debe al exceso de alcohol.
—Bueno, doctor, no se preocupe, regreso cuando usted esté sobrio.
—Doctor, ¿es verdad que la risa es la mejor medicina?
—Sí, claro, a menos que tengas diarrea. Ahí es bastante peligrosa.
Chistes de hospitales para reír
Entre urgencias, quirófanos y salas de espera, los hospitales también han dado pie a un montón de chistes clásicos. Algunos son absurdos, otros malísimos… y justo por eso hacen gracia.
—¡Rápido, doctor! Llegó un paciente que se tragó un despertador.
—Entendido, llévenlo a la sala de espera.
—¿Pero no es una emergencia?
—No se preocupe, el tiempo lo cura todo.
—¡Rápido, necesitamos sangre para el paciente!
—Yo soy 0 positivo.
—Pues muy mal, aquí necesitamos optimistas.
—Estoy en el hospital.
—¿Qué te pasó?
—Estoy con mi primo, que no puede hablar ni caminar.
—¿Qué le pasó?
—Nada, acaba de nacer.
El post-operado le pregunta al cirujano:
—Doctor, entiendo que se vista de blanco, pero ¿por qué tanta luz?
—Hijo mío, soy San Pedro.
Por la noche suena el teléfono en la centralita de urgencias del hospital:
—Hola, es urgente, nuestro amigo se acaba de tragar un sacacorchos. ¡Por favor, vengan rápido!
Al cabo de un rato vuelve a sonar el teléfono. La misma voz:
—Doctor, no corra, ya pasó. No hace falta que venga, hemos encontrado otro sacacorchos.
En el hospital de Lepe una madre le pregunta al médico:
—Doctor, ¿cree usted que mi hijo perderá el ojo?
El médico responde:
—Si lo pierde es porque le da la gana. Yo se lo he envuelto con un pañuelo.

El hospital recibe una llamada telefónica:
—¡Mi mujer va a dar a luz!
—¿Es su primer hijo?
—¡No, soy su marido!
Chistes de médicos para niños
Estos chistes de doctores para niños son sencillos, blancos y con remates fáciles de entender. Perfectos para contar en voz alta sin tener que explicar demasiado.
—Doctor, doctor, ¡que tengo paperas!
—Pues tome dos euros más y ya tiene pa’ plátanos.
—Doctor, me siento como un perro.
—Entiendo, suba a la camilla para revisarlo.
—¡No puedo, doctor, no me dejan subir a los muebles!
—Doctor, me duele el cuerpo si me toco aquí, si me toco acá, si me toco la rodilla…
—Ya veo. Lo que usted tiene es el dedo roto.

—Doctor, ¿el jarabe para la tos se toma con una cuchara sopera?
—No, se toma con la boca, la cuchara es solo para medirlo.
—Doctor, ¿qué puedo hacer para que mi hijo no se haga pipí en la cama?
—Que duerma en el suelo.
—¿Por qué los diabéticos no pueden vengarse?
—Porque la venganza es dulce.
—Doctor, soy asmático, ¿es grave?
—No, es esdrújula.
Los mejores chistes de médicos
Y para terminar, aquí van algunos de los chistes de médicos más absurdos, exagerados y clásicos. De esos que empiezan normales… y acaban completamente fuera de control.
Jesucristo se pone una temporada a hacer sustituciones como médico en la Seguridad Social.
Un inválido entra en la consulta pidiendo ayuda.
—¿Qué le ocurre?
—Que no puedo caminar.
—Levántese y ande.
—¡Que no puedo!
—¡He dicho que se levante y ande, YA!
El hombre se levanta y se va andando muy enfadado de la consulta.
Al salir, otros pacientes le preguntan:
—¿Qué tal? ¿Cómo es el nuevo médico?
—Igual que todos, ¡ni me ha mirado!
—Doctor, mi esposa cree que es un auto de carreras.
—Tráigala a terapia el lunes.
—Imposible, doctor, la carrera es el domingo y yo soy su mecánico.

—Doctor, la gente dice que soy muy presumido.
—A ver, cuénteme su problema desde el principio…
—Bueno, al principio yo creé los cielos y la tierra…
—Doctor, ¿estas pastillas para los nervios se toman en ayunas?
—No, se toman cuando te entren ganas de ahorcar a alguien.
Un sevillano va al médico deshidratado por la ola de calor:
—Doctor, recéteme algo para este bochorno, que no lo soporto.
El médico saca el bloc, escribe algo y se lo entrega:
—Tómese esto tres veces al día.
El paciente lee el papel y dice:
—Pero doctor, aquí solo pone: “Un billete de ida a Asturias”.
—Ya no quedan más pacientes, doctor.
—¡Pero si la sala de espera está llena desde hace horas!
—Por eso, están todos impacientes.
¿Por qué nos hacen gracia los chistes de médicos?
Los chistes de médicos funcionan tan bien porque juegan con situaciones que casi todo el mundo conoce. Da igual la edad: todos hemos estado alguna vez en una sala de espera interminable, intentando entender la letra de una receta o poniéndonos nerviosos antes de una consulta.
Además, los hospitales, los pacientes despistados y los diagnósticos absurdos dan muchísimo juego para el humor. Por eso hay tantos chistes clásicos de médicos que siguen contándose generación tras generación, desde bromas cortas hasta juegos de palabras malísimos que, precisamente por lo malos que son, terminan haciendo gracia.
Los chistes de médicos nunca pasan de moda porque siempre aparece algún paciente despistado, un diagnóstico imposible o una respuesta absurda capaz de hacer reír a cualquiera. Yo creo que son de esos chistes que funcionan igual de bien con niños que con adultos… ¿tú qué crees?
Sigue divirtiéndote con los mejores chistes de Harry Potter, los chistes «se abre el telón» y los chistes en inglés para niños.
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