Los chistes de profesores y del colegio tienen la capacidad de unir generaciones: ¿quién no se ríe al recordar a ese profe tan peculiar o a ese compañero que siempre salía con una respuesta fuera de lo normal?
Por eso los chistes de profes y alumnos siguen funcionando tan bien; son situaciones que todos hemos vivido y que ahora podemos revivir riéndonos un rato con nuestros hijos. Y te aseguro que si empiezas contando alguno de estos chistes para niños, en un minuto os encontraréis en una especie de duelo por ver quién hace reír más.
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Chistes de profesores cortos
No siempre hace falta un chiste largo para que funcione. En clase, muchas veces son las respuestas rápidas y los comentarios inesperados los que hacen reír de verdad. Este tipo de chistes de alumnos y profes cortos son los más fáciles de recordar y los que los niños repiten una y otra vez.
El profesor de lengua descubre a Lucía distraída mirando por la ventana. Se dirige a ella y le pregunta:
—A ver, Lucía, dime dos pronombres.
—¿Quién? ¿Yo?
—Muy bien, Lucía.
El profesor le pregunta a Mateo:
—A ver, Mateo, dime el nombre de tres cuadrúpedos.
—El caballo, el burro y dos palomas.
¿Qué hace una profesora en un concierto?
¡Saca una buena “nota”!
¿Cómo se despiden los profesores de química?
“Ácido un placer conocerte”.
En clase:
—Clara, ¿cuántos son dos y dos?
—Pero, señorita, ¿cómo es posible que usted no lo sepa?
Le pregunta Marcos a su madre:
—Mamá, ¿ayer se escribe con hache?
—No.
—¿Y hoy?
—Hoy, sí.
—¿Y cómo cambia tanto de un día para otro?
En el cole, la señorita Laura pregunta:
—A ver, Daniel, ¿cómo se llaman los que han nacido en Jaén?
—¿Todos?
Profesor a alumno:
—Parece que esta pregunta te hace dudar.
—No, maestro, lo que me hace dudar es la respuesta.
Chistes de profesores graciosos
Muchos de los chistes de profes divertidos para niños que giran alrededor de situaciones típicas de clase y respuestas que no te esperas.
El profesor le pregunta a Sergio:
—A ver, Sergio, ¿cuántos ojos tenemos?
El alumno se lo piensa un rato y responde:
—¡Cuatro!
—¿Cómo que cuatro?
—Claro, profesor: dos usted y dos yo.

El maestro de Lengua le pregunta a Leo:
—A ver, Leo, dime una palabra que tenga cinco íes.
Y Leo le responde:
—Pero profe, eso es dificilísimo.
—¡Muy bien, Leo, muy bien!
Un padre pasea con su hijo por la playa al anochecer. De pronto ven una estrella fugaz.
—¡Espero que hayas pedido un deseo! —le dice el padre.
—Sí, y yo espero que se cumpla, porque si no, sacaré un cero en geografía.
—¿Y qué has pedido?
—¡Que Londres se convierta en la capital de Italia antes de que la profesora corrija los exámenes!
La profesora, desesperada, grita:
—¡Estáis armando demasiado escándalo! ¿Cómo queréis que dé clase en este estado?
Y Marcos responde:
—Señorita, entonces ¿por qué no se va a dar clase… a otro estado?
Le dice su madre a Daniel:
—¿Cómo te fue en el colegio?
—Como en el polo norte.
—¿Cómo es eso?
—Todo bajo cero.
La profesora pregunta a Andrés:
—¿En qué se convirtió el hijo de Luis XIV cuando este murió?
—En huérfano.
—Mamá, tengo un problema: no quiero ir a la escuela.
—Mira, tienes que ir por tres razones: porque es tu obligación, porque tienes 45 años… y porque eres el director.
Chistes de profes y alumnos
Muchos de los mejores chistes de alumnos y profesores salen directamente de los diálogos en clase. Ese momento en el que el profe pregunta algo serio y el alumno responde por otro lado es el que da lugar a situaciones tan reconocibles como divertidas.
El profesor reparte las notas:
—Lucas, un diez. Marta, un ocho. Pablo, un seis. Y tú, Hugo, un cero.
—Oiga, profesor, ¿y por qué a mí un cero?
—Porque has copiado el examen de Marta.
—¿Y usted cómo lo sabe?
—Porque en la última pregunta ella puso “no me la sé” y tú escribiste “yo tampoco”.
La profesora manda una redacción titulada “¿Qué harías si fueses millonario?”.
Todos se ponen a escribir menos Adrián, que se queda mirando al techo.
—Adrián, ¿por qué no has hecho nada?
—Porque eso es exactamente lo que haría si fuese millonario.
El profesor le pregunta a Iván:
—Iván, ¿qué te pasa si te corto una oreja?
—Me quedo medio sordo.
—¿Y si te corto la otra?
—Me quedo ciego.
—¿Ciego? ¿Por qué?
—Porque se me caen las gafas.
La profesora, ya cansada, le dice a Marcos:
—¿Es que no eres capaz de decir ni una sola cosa?
—Claro que soy capaz: ¡ni una sola cosa!

Le pregunta Daniel a la profesora:
—Profe, ¿es verdad que cuando nos morimos nos convertimos en polvo?
—Sí, Daniel.
—Pues debajo de mi cama hay un cementerio.
El niño Pablo le dice a su madre:
—Mamá, hoy en clase el profe me ha castigado por contestar bien a una pregunta.
—¿Castigado por contestar bien? ¿Y qué preguntó?
—Que quién había puesto chinchetas en su silla.
Chistes de profesores para niños
Hay chistes que funcionan especialmente bien con los más pequeños porque son claros, fáciles de seguir y con un remate muy directo. Este tipo de chistes de profes para niños suelen basarse en situaciones sencillas y respuestas que sorprenden justo lo suficiente para hacer reír sin complicarse.
El maestro le pregunta a Pablo:
—Pablo, ¿cuánto es 2 por 2?
—Empate.
—¿Y cuánto es 2 por 1?
—¡Una oferta!

La profesora le pregunta a Carla:
—¿Sabrías decirme el nombre de un animal que viva en América Latina?
—¡La llama!
—Muy bien, ¿y otro?
—¡Otra llama!
En el despacho del director suena el teléfono:
—¿Sí, dígame?
—Llamaba para decirle que hoy Mario no podrá ir a clase porque está indispuesto.
—Disculpe, ¿con quién hablo?
—Con mi padre…
En un examen, el profesor le dice a un alumno:
—Te haré una última pregunta: si la sabes, te apruebo. ¿Cuántos pelos tiene la cola de un caballo?
—Treinta mil quinientos ochenta y tres.
—¿Y cómo lo sabes?
—Perdón, profesor, pero esa ya es otra pregunta.
La profesora pregunta en clase:
—Si en esta mesa hay siete moscas y matas una, ¿cuántas quedan?
—Una.
—¿Cómo que una?
—Sí, la muerta.
La señorita pregunta:
—Juan, ¿de quién tienes más miedo?
—Del hombre del saco, profe.
—Pero eso no existe. ¿Y tú, Ana?
—Del malamén, profe.
—¿El malamén? ¿Quién es?
—No lo sé, pero debe ser muy malo… porque mi madre siempre dice “líbranos del malamén”.
Un niño le enseña las notas a su padre:
—Muy bonito, lo has suspendido todo. Esto se merece un castigo.
—Claro que sí, papá… pero no sé dónde vive el profesor.
En clase de naturales, la profesora pregunta a Lucas:
—¿Cuál es el animal que tiene más dientes?
—¡El ratoncito Pérez!
Dos amigos hablan:
—¿Qué tal te va?
—Pues soy profesor de inglés.
—Ah, qué bien, ¿trabajo estable?
—No, es mesa.
¿Por qué gustan los chistes de profesores y colegio?
El humor que gira alrededor de profesores y alumnos tiene algo muy reconocible. Da igual la edad: todos hemos estado en una clase, hemos escuchado preguntas imposibles o hemos soltado alguna respuesta que no venía a cuento. Por eso este tipo de chistes funciona tan bien, porque parte de situaciones que cualquiera identifica al instante.
Además, muchos de estos chistes se apoyan en diálogos sencillos, lo que hace que sean fáciles de entender y de recordar. Los niños los repiten porque les resultan claros y les permiten jugar con el lenguaje, y los adultos los disfrutan porque les traen recuerdos muy concretos.
Al final, los chistes de profesores no necesitan mucho más: una pregunta, una respuesta inesperada y ese momento en el que todo encaja y provoca la risa. Por eso siguen pasando de generación en generación sin perder gracia.
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