Los niños y la televisión

los niños y la televisión

Los niños pasan varias horas al día frente a la televisión y normalmente no seleccionan previamente los programas que van a ver.

Ver la televisión es una actividad que no fomenta  la reflexión y el espíritu crítico. Esto se ve acentuado por el hecho de que los niños suelen ver la televisión sin la supervisión de los adultos.

El rato que los niños están frente a la televisión suele ser vivido por sus padres como un descanso, un tiempo  que pueden aprovechar a hacer otras cosas, ya que los niños están concentrados, tranquilos y no molestan.

¿Como afecta la televisión a nuestros hijos?

Nuestros hijos frente a la pantalla de televisión permanecen perplejos, sin mostrar ninguna atención a lo que pasa a su alrededor. La televisión atrapa la atención sin esfuerzo, es una actividad muy fácil de iniciar (mucho más que leer, jugar…) y muy difícil de abandonar. Para mantener la atención de los espectadores la televisión hace uso de los denominados “acontecimientos televisivos” (numerosos cambios estimulares auditivos y visuales). Este es el motivo por el cual una vez que se comienza a ver la televisión, es muy difícil dejar de verla.

Los niños frente a la pantalla de televisión se habitúan a una sobreestimulación, lo que lleva a una pérdida de interés por las actividades carentes de tanta estimulación como son las del mundo real, actividades que son necesarias para un desarrollo adecuado.

Ver la televisión es una actividad pasiva, que no implica esfuerzo, durante la cual las imágenes entran directamente en nuestros bancos de memoria sin poder ser filtradas ni procesadas. Mientras se ve la televisión uno está en un estado parecido al de ensoñación en el que no puede llevar a cabo procesos cognitivos complejos. La información no puede ser procesada en el momento de la exposición, no hay comprensión ni reflexión.
Niños y televisión
Tanto es así, que nuestro cerebro es incapaz de distinguir imágenes de la realidad de imágenes virtuales. Por eso lloramos cuando alguien muere dentro de la pantalla aunque sepamos que no es real. De modo que todo lo que ven los niños en la televisión es procesado por el cerebro como real. Esto puede llevar a que confundan realidad con ficción e imiten conductas arriesgadas o poco saludables vistas en la tele.

Al poner a nuestro hijo frente a la televisión estamos dejándole frente a un bombardeo de imágenes e información que se acumulan en su cerebro. Todos estos contenidos que va almacenando tendrán una fuerte influencia en su desarrollo.

Un ejemplo de ello es que ver la televisión mucho tiempo produce en los niños dificultades para aprender a autorregularse cognitiva y emocionalmente. Diversos estudios han demostrado que una exposición temprana a la televisión aumenta el riesgo de desarrollar déficit de atención con hiperactividad. Asimismo, ver la televisión está estrechamente relacionado con los problemas con los estudios (dificultad para concentrarse, dificultad para realizar tareas que requieran esfuerzo, dificultad para mantener la atención, falta de interés, comportamientos disruptivos, e.tc). También produce una mayor tendencia a reaccionar con agresividad ante las frustraciones de la vida.

Además, ver la televisión afecta a las relaciones entre las personas. Muchas familias comen viendo la televisión, lo que impide que haya conversaciones entre sus diferentes miembros. A menudo, los niños en vez de salir a jugar al parque con sus amigos se quedan viendo la tele. Y así ocurre con una gran cantidad de actividades que implican interacción con otros individuos, que son relegadas a un segundo plano. Esto conduce a que cada vez los niños estén más aislados y presenten más dificultades a la hora de relacionarse con los demás.

¿Es el contenido de los programas adecuado para nuestros hijos?

  • No debemos olvidar que detrás de la televisión están las grandes compañías. Empresas a las que les interesa que la televisión muestre contenidos que aumenten el consumo de sus productos. Esto es fácilmente observable en los espacios publicitarios los cuales  anuncian un sinfín de productos sumamente atractivos para nuestros hijos, pero también está presente en la mayoría de los programas televisivos.
  • La televisión anula la diversidad de personas, modos de vida, pensamientos, etc.  ya que se tiende a imitar lo que en ella aparece.
  • En la programación infantil hay un elevado nivel de violencia.  La cantidad de violencia vista en la infancia permite predecir la violencia ejercida en la edad adulta. Los niños se insensibilizan ante la violencia, se habitúan a ella viéndola como algo normal y dejan de responder ante ella. Aceptan y admiran la violencia en vez de condenarla. La habituación a la violencia también puede provocar que cada vez quieran ver programas más violentos. Diversos estudios demuestran que los niños reproducen lo que ven en la televisión. Por lo tanto si ven violencia tendrán comportamientos violentos y cuanta más violencia vean más violentos serán.
  • La programación infantil suele contener contenidos que promulgan la desigualdad entre hombres y mujeres, estereotipos sexistas y racistas. Por ejemplo, existe una infrarrepresentación de las niñas en los programas infantiles (más o menos el 70 % de los personajes centrales son masculinos). Los chicos suelen ser representados como héroes, personajes aventureros que hacen frente a los peligros y superan todos los problemas. Las chicas son las guapas, descaradas, sensibles, etc. Además existe una sexualización del cuerpo femenino en los programas infantiles, esto se ve claramente en los dibujos infantiles: narices pequeñas, ojos grandísimos, piernas delgadas y larguísimas, cinturas de avispa con acentuadas caderas, grandes pechos, etc.

Por todo esto, tenemos que enseñar a nuestros hijos a hacer un uso responsable de la televisión.

Es conveniente poner límites al tiempo que puedan ver la televisión, seleccionar los programas según su contenido y sentarse con ellos para supervisar lo que están viendo y hacerles reflexionar. Debemos animarles a que salgan al jardín si el tiempo lo permite, a que realicen otras actividades en casa como leer, hacer manualidades, jugar, etc., actividades que serán mucho más enriquecedoras para su desarrollo.

Más información en Crecer Sano y Feliz.
Imagen: flash.pro

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Marta Gavito, Juana Dufill y Mariana Duffill son psicólogas especializadas en temas relacionados con la maternidad, paternidad, crianza y educación infantil. Colaboran en Pequeocio en la Escuela de Padres para dar respuestas a todas las preguntas que como padres nos surgen cada día. Si quieres una consulta personalizada puedes contactar con ellas en Crecer Sano y Feliz

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