Los buñuelos de bacalao siempre han estado presentes en mi cocina, y la verdad es que me recuerdan mucho a mi infancia. En mi casa se preparaban sobre todo en Semana Santa, pero yo los hago en cualquier época del año porque a mis hijos les encantan. Ese momento de poner la fuente en la mesa y ver cómo desaparecen en cuestión de minutos… bueno, creo que no hace falta que te cuente más.
En realidad, lo que tienen de especial estos buñuelos de bacalao es la mezcla perfecta: por fuera quedan crujientes, dorados, con ese olor irresistible que llena toda la cocina; y por dentro, tiernos y jugosos, con el sabor inconfundible del bacalao. No sé si te pasa, pero cuando algo huele tan bien mientras se fríe, ya sabes que vas a disfrutar.
Son un plato muy agradecido: sirven como aperitivo cuando vienen amigos a casa, como cena rápida entre semana o incluso como opción para llevar en un táper si tienes un día ajetreado. Vamos, que son de esas recetas que se adaptan a lo que necesites y que nunca fallan.
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Receta de buñuelos de bacalao fritos
Ingredientes
- 250 g de bacalao desalado
- 150 g de harina de trigo
- 2 huevos
- 1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
- 1 diente de ajo
- 1 ramito de perejil fresco
- 1/2 cucharadita de cúrcuma
- 125 ml de agua
- Aceite de oliva para freír
- Sal al gusto
Cómo hacer buñuelos de bacalao caseros
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Lo primero es preparar el bacalao. Si lo has comprado salado, ya sabes, hay que desalarlo con antelación, pero si lo tienes desalado listo, te ahorras ese trabajo. Una vez limpio, lo desmenuzamos bien con las manos o con un tenedor, quitando pieles y espinas. La idea es que quede en trozos pequeños pero no hechos puré, porque se agradece encontrarse algún pedacito al morder.
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En un bol amplio batimos los huevos con el agua y añadimos la harina, la cucharadita de levadura y un pellizco de sal. Mezclamos hasta que tengamos una masa sin grumos, ni demasiado líquida ni demasiado espesa, algo parecido a una crema ligera. En este punto incorporamos el bacalao, el ajo bien picado, el perejil fresco también picado y una pizca de cúrcuma para darle ese color doradito tan apetecible.
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Ponemos a calentar abundante aceite de oliva en una sartén honda o cazo. Cuando esté bien caliente, pero sin que llegue a humear, vamos echando porciones de la masa con la ayuda de dos cucharas. No conviene hacerlos muy grandes para que se frían bien por dentro.
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Los dejamos hasta que estén dorados por todos lados, dándoles la vuelta si hace falta.
Una vez listos, los vamos sacando a un plato con papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Y ya está, con esto tendrías unos buñuelos de bacalao listos para servir recién hechos, que es cuando mejor saben.

Consejos para hacer buñuelos de bacalao
- Usa bacalao desalado de buena calidad; si lo compras salado, déjalo en agua 24–36 horas cambiando el agua cada 8–12 horas. Si lo compras ya desalado, sécalo bien con papel antes de incorporarlo a la masa.
- No te pases con la sal: el bacalao ya aporta mucho sabor, así que añade poca al principio y corrige al probar la masa. Si dudas, mejor quedarse corto y rectificar después.
- La masa debe quedar cremosa, similar a una bechamel ligera; añade agua poco a poco hasta conseguir la textura. Si se queda demasiado líquida, incorpora una cucharada de harina y deja reposar 5–10 minutos.
- Fríe en aceite bien caliente pero sin humear, alrededor de 170–180 ºC; así se doran rápido y no absorben exceso de grasa. Si no tienes termómetro, prueba con una gotita de masa: si sube y burbujea sin quemarse, está listo.
- Haz los buñuelos de bacalao de tamaño pequeño (una cucharada o tamaño de nuez) para que se cocinen bien por dentro sin quemarse por fuera. Si ves que se doran demasiado rápido, baja un poco el fuego y deja que se hagan más despacio.
- Escúrrelos sobre papel absorbente nada más sacarlos para quitar el exceso de aceite; no los apiles para evitar que se humedezcan. Si vas a servirlos en plato, mejor colócalos sobre una rejilla para que mantengan el crujiente.
- No amontones en la sartén: fríe en tandas pequeñas para mantener la temperatura del aceite y lograr un dorado uniforme. Si haces muchas tandas, mantén las ya hechas en horno templado (máx. 80 ºC) sobre rejilla para conservarlas.
- Si los haces para niños, revisa las espinas con calma y desmenuza el bacalao muy fino; así son más seguros y agradables de comer. Ajusta ajo y perejil al gusto para que no resulten fuertes a los pequeños.
- Una pizca de cúrcuma da un color dorado natural sin apenas cambiar el sabor; usa muy poco para evitar amargos. Es una forma sencilla y saludable de potenciar el tono sin recurrir a colorantes.
- Conservación: guárdalos en un recipiente hermético en la nevera hasta 48 horas, mejor en una sola capa o con papel entre capas para que no se peguen. Evita dejarlos a temperatura ambiente más de dos horas para prevenir riesgos.
- Recalentado: para recuperar el crujiente, precalienta el horno a 180 ºC y caliéntalos 6–8 minutos o usa una sartén a fuego medio; evita el microondas porque los deja blandos. Si están un poco aceitosos, pásalos por papel absorbente antes de calentar.
- Congelación: sí, los buñuelos de bacalao se pueden congelar ya fritos. Déjalos enfriar completamente, congélalos en una sola capa en bandeja y luego guárdalos en bolsa; para consumir, caliéntalos directamente desde congelado en horno a 190 ºC durante 12–15 minutos.
Cómo acompañar los buñuelos de bacalao
Los buñuelos de bacalao por sí solos ya son un bocado estupendo, pero si quieres darles un plus puedes acompañarlos con alguna salsa suave. Una mayonesa casera, un alioli ligero o incluso una salsa de yogur con limón y hierbas les van de maravilla, porque contrastan con el sabor del bacalao sin taparlo.
Otra opción es servirlos junto a una ensalada fresca, de hojas verdes, tomate y cebolla morada, que aporta un punto de frescor y equilibra la fritura. A mí me gusta también combinarlos con un poco de pimientos asados, que quedan dulces y jugosos al lado del buñuelo crujiente.
Si los preparas como aperitivo, lo típico es llevarlos a la mesa con una cerveza bien fría o un vino blanco joven. Para los niños o si prefieres algo sin alcohol, un refresco de limón o una limonada casera les va genial, porque la acidez ayuda a limpiar el paladar.
Y si los quieres convertir en cena completa, acompáñalos con una crema de verduras (por ejemplo, calabacín o calabaza) y un poco de pan, y te aseguro que nadie se quedará con hambre.
Bueno, pues ya lo ves, los buñuelos de bacalao no tienen ninguna complicación y siempre triunfan. Son de esas recetas que no fallan nunca, que puedes sacar en una comida familiar o en una cena improvisada y quedas de maravilla. A mí me pasa que, aunque prepare un buen plato, siempre desaparecen antes de que pueda guardarme alguno para el día siguiente.
Si te animas a hacerlos, juega un poco con las cantidades de ajo, perejil o incluso cúrcuma hasta dar con tu punto ideal. Y oye, si los pruebas con alguna salsa diferente o los sirves de una forma original, cuéntamelo, porque siempre me gusta descubrir nuevas formas de disfrutar un clásico como este.
Al final, lo más bonito de estas recetas es compartirlas: preparar la masa, freír los buñuelos y ver cómo la familia se acerca a la cocina atraída por el olor. Eso, para mí, ya vale más que cualquier otra cosa.
Si buscas otras recetas con bacalao, no puedes dejar de probar las croquetas de bacalao, cremosas por dentro y con ese rebozado crujiente que las hace irresistibles; el potaje de garbanzos con bacalao, un clásico de Semana Santa muy reconfortante y lleno de sabor; las tortillitas de bacalao, parecidas a los buñuelos pero más planitas, perfectas como aperitivo rápido; o la tortilla de bacalao, típica del País Vasco, jugosa y con mucho bacalao desmigado que combina de maravilla con cebolla pochada.

