El mundo se dirige hacia costumbres de usar y tirar. Le damos poca importancia a la contaminación, al descuido y a todo lo que estropea nuestro planeta. Y no olvidemos que estos pequeños gestos diarios son también la educación de nuestros hijos.

Si los niños tienen en casa unos referentes de cuidado, respeto y equilibrio será mucho más fácil que absorban estas cualidades. Finalmente, es con el ejemplo con lo que se enseña.

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, a cualquier nivel de sus vidas. Por eso, proponemos una buena opción para la absorción de estos valores cuidando su fondo de armario (y el nuestro) con ropa sostenible, ecológica y de comercio justo.

En nuestro mundo globalizado encontramos empresas comprometidas, como Play Up, que cumplen requisitos de ecología sin renunciar a la estética y la moda.

Para que la ropa que usan nuestros hijos sea sostenible, debe cumplir ciertos requisitos:

  • Ropa ecológica
  • Material reciclable
  • Algodón orgánico

Estar en consonancia con el medio ambiente es importante para el ser humano. Los niños son seres naturales, a los que les encanta estar en contacto con la naturaleza y todo lo que de ella deriva.

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Además, utilizar este tipo de ropa es absolutamente seguro, sano y cómodo para nuestros hijos. El algodón orgánico evita alergias y rozaduras innecesarias, así como es una fuente de calor y comodidad.

¿Dónde está la contaminación textil en las cadenas fast fashion?

  • Consumo excesivo de agua. Para la elaboración de una camiseta se utilizan 2500 litros de agua.
  • Emisión de tóxicos. Los procesos que sufre la ropa en estas cadenas emiten muchísimos contaminantes, tanto en gases como en líquidos que se vierten directamente a los ríos y mares.
  • Rápido deshecho y sin reutilización. Este tipo de ropa no dura, y no es reciclable. Se convierte en contaminación.
  • Hebras de ropa en cada lavado. Todas las hebras que sueltan las prendas de mala calidad, con sus componentes de color, y que no se descompondrán, forman un alto porcentaje de contaminación en nuestros océanos. Cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra: el plástico está colapsando los fondos marinos. 

Estos son algunos ejemplos de la segunda industria más contaminante del planeta, después del petróleo.

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Además, existe el problema del fabricado de ropa y la situación de explotación y barbarie a las que se somete a quienes la fabrican. Es importante apostar por un comercio justo, donde se da el pago necesario por un servicio legal y meticuloso que lleva su tiempo y su cariño. 

Quizá sea bueno apostar por un volumen menor de ropa, pero sostenible. Esto también es un valor que inculcaremos a nuestros hijos. Ellos crecerán viendo todos estos actos por nuestra parte. 

Podemos pasear por el álbum de recuerdos de Play Up y encontramos que la ropa que podemos adquirir es mucho más: es ropa hecha por personas, con cariño, con una intención de crear un mundo más justo y más lleno de amor. Vemos que las colecciones tienen una historia, una identidad. Cuando alguien utiliza una prenda de ropa sostenible, esa ropa brilla con un aura diferente. El tempo de lo hecho con cariño se nota. Al fin y al cabo, así es como crecen los niños, con un tempo tranquilo y paciente.