Muchos padres recuerdan especialmente el primer dibujo de sus hijos. Ese día en el que después de los garabatos de repente surgen figuras nuevas, redondeles, muñecotes… Para los niños existe un placer innato en dibujar, pintar… Muchas veces no sólo en un papel :-).

Cuando trabajamos con niños en la consulta sus dibujos nos aportan información de sus emociones, intereses, cómo viven su familia y en qué lugar se colocan. A través del color, del tamaño, de las borraduras y de las historias que generan después nos hablan de su mundo interior. En este artículo queremos presentar la evolución del dibujo infantil, no tanto como técnica proyectiva, sino como medidor de crecimiento.

¿Cómo evoluciona el dibujo infantil?

1)   Durante el primer año, cuando los niños comienzan a coger ceras o lapiceros y el GARABATO es incontrolado. Se trata de una descarga motora por el placer vinculado a su ejecución. Surge de movimientos del brazo, que producen trazos largos y que después se convertirán en más hábiles una vez conseguido el movimiento de la muñeca. Hacia los dos años surgirán los primeros controles del movimiento imitando el movimiento gráfico del adulto. Se realizan formas elementales: redondeles y cruces, siguiendo el movimiento espontáneo de la mano en sentido circular, horizontal y vertical.

Durante esta fase sería importante ofrecer materiales adecuados, hojas grandes, ceras que puedan agarrar fácilmente (más gruesas que un lápiz), pinceles de brocha gorda. Dale una hoja en blanco sin consignas, sin un dibujo que colorear…

2)   Un día de repente los niños hacen un trazo y le dan nombre “es una nube”, ”es mamá”, descubren la primera analogía entre su creación y lo que les rodea, aunque al principio sea irreconocible. A esta fase se le suele dar el nombre de REALISMO FORTUITO o FALLIDO (3-4/5 años). No tienen intención de dibujar algo en concreto, sino que, después de hacerlo, le dan un nombre.

Comienzan a ser conscientes de que sus dibujos son parte de su forma de expresión, por lo que es muy importante que valoremos sus representaciones, que compartamos con ellos su ilusión. Cuando nos enseñan sus dibujos  los adultos podemos contagiarnos de su entusiasmo.

Alrededor de los tres años podréis observar cómo surge la primera figura humana que sería un redondel al que se le añaden ojos y boca. Después se le añaden rayas representando brazos y piernas, lo que denominamos “renacuajo”. Esto nos da pistas sobre que el niño está adquiriendo una noción de su esquema corporal y poco a poco irá perfeccionando los dibujos.

3)   A partir de los 5 años los niños  comienzan a dibujar todo lo que saben de los objetos y no tanto todo lo que se vería, por ello llamamos a esta etapa REALISMO INTELECTUAL. Son capaces, por ejemplo, de pintar una embarazada con el bebé dentro, pintar las raíces de un árbol o bien, como en la foto que sigue, todas las patas de los animales aunque no se vieran en realidad.

4)   A partir de los 9 años los niños van adentrándose en otra etapa en la que consiguen un dibujo con más perspectiva, acercándose al convencionalismo. Son capaces de resolver las superposiciones y buscan dibujos más fieles a la realidad. Es lo que llamamos REALISMO VISUAL.

Compartir con los hijos su crecimiento es un privilegio. Posibilita que pinten, prepara el entorno para que mancharse no sea un problema, busca la forma para que tengan a su alcance lo necesario para pintar, crear, imaginar… Alaba sus creaciones y disfruta con ellos. El dibujo es una forma de expresión que posibilita el perfeccionamiento de sus capacidades motoras y su esquema corporal. Y conserva sus producciones, son verdaderas joyas.

Imágenes: scalleja; =mc2; pacma fotos