El peso es un tema que preocupa a muchas mujeres… y hombres también. Muchos nos sentimos disconformes con nuestro cuerpo, o al menos con alguna parte de él. Hablar del peso, de cuidarse, hacer dieta delante de los niños, ¿es bueno?

Hoy en Escuela de Padres analizamos estas preguntas y te contamos qué debes tener en cuenta a la hora de hablar con tus hijos de su peso.

Por qué no hablar del peso con los hijos

Las niñas en proporción son quienes se ven más afectadas por las afecciones alimentarias pero  consideramos importante que tomes en cuenta estos consejos tanto frente a tus hijos como a tus hijas porque los niños no están exentos de padecer algún tipo de desorden de esta índole.

Hablar del peso a un niño pone en relevancia que existe un problema con su cuerpo o con el tuyo. Le hace pensar que algo no anda bien y puede llevar a falsas asociaciones como por ejemplo: “para que mamá está feliz, no debo comer” o “debo ser delgado” o “no valgo suficiente si no soy así”.

Los niños son influenciables, se guían por el comportamiento de aquellos a quienes más quieren: sus padres. Si tú o tu pareja se muestran preocupados por su peso, restringen sus comidas recordándole que “no debe engordar”, pueden generarse desórdenes en la alimentación.

Hablar del peso no es lo más adecuado, nosotros te recomendamos abordar el tema desde el punto de vista de la salud. No es lo mismo hablar de “delgado o gordo” que de “saludable”. Entonces, ¿cómo cuidar el peso de los niños sin alterarlos?

Consejos para cuidar el peso de los niños

El problema no es que quieras que tus hijos tengan una peso saludable sino que ellos pueden malinterpretar lo que escuchan y así acabar padeciendo alguna enfermedad alimentaria. Por eso, es mejor no hablar, al menos no de manera crítica, censuradora o negativa, del peso. Puedes hablar con él al respecto, claro que sí, pero cuidado con cómo lo haces. Si el pediatra te ha dicho que debes monitorear lo que come tu peque, no le digas a tu hijo que “está gordo”, “debe comer menos” o cosas similares, por el contrario:

  1. Prepara comidas saludables: elige platos nutritivos, variados y equilibrados. Seguramente evitando el picoteo y las chuches (no totalmente pero sí disminuyendo su consumo), tu peque no tenga necesidad de ninguna dieta. Lo importante es comer bien y evitar los excesos. Se puede comer de todo pero en su justa medida.
  2. Anima a tus hijos a realizar deporte: el ejercicio físico es fundamental para sentirse bien y mantener un peso saludable. Si tu hijo pasa mucho tiempo frente al ordenador, el móvil o la tableta, incítalo a iniciar un deporte o mejor aún, disfruta con él de actividades al aire libre. ¿Cuándo fue la última vez que salisteis en familia a montar en bicicleta?
  3. Alaba a tu hijo: y no nos referimos a su cuerpo, aunque siempre es bonito que le digas qué guapo lo ves, pero enfócate en cosas más importantes, si es generoso, amable, educado, inteligente… “Lo esencial es invisible a los ojos”.
  4. Si tu hijo debe hacer dieta por un tema de salud (de manera indicada por su médico), conversa con él del tema. No dejes de explicarle por qué es necesario modificar los hábitos de alimentación y acompáñalo en el proceso. Dile que toda la familia debe comer mejor para estar más sana, verás que hacerlo juntos es más sencillo.

Y sobre todo evita:

  • Hablar negativamente de su cuerpo: no le digas que está gordo, que debe perder peso o que está muy delgado. Por el contrario, dile que es fuerte, que es ágil…
  • Hablar negativamente de tu cuerpo: tú eres el ejemplo para tus hijos. ¿Qué pensarán ellos si te ven guapísimo y tú les dices que debes cuidar tu peso porque te ves mal? Una frase inocente puede cambiar su percepción de ti y por asociación, de ellos mismos. Si quieres hacer dieta, explícale a tu hijo que es por un tema de salud, no porque te sientas mal contigo mismo.
  • Frases denostativas hacia algunos alimentos: decir que “no estás comiendo carbohidratos porque engordan” puede hacer que tu hijo asocie los hidratos de carbono con algo negativo y luego, se niegue a comerlos.
  • Las burlas, incluso las bromas pueden afectar la autoestima de tu hijo.

Imagen: Jennie Collbran