Cuento de Navidad: “El reno Moritz y su extraña nariz”

Las Navidades ya están aquí y Cuento a la vista nos trae una historia muy navideña. El protagonista de esta historia es uno de los renos de Papá Noel: Moritz, tan presumido y coqueto que los duendes de la Navidad decidirán gastarle una pequeña broma. Pero a veces las bromas no salen como uno espera.

Lo que nosostros esperamos es que disfrutéis de este cuento tanto como de la Navidad. La ilustración es de Brenda Figueroa y el texto de María Bautista. ¡Felices Fiestas!

El reno Moritz y su extraña nariz

Cada Navidad, los renos de Papá Noel sacaban brillo a su elegante cornamenta, se limpiaban sus pezuñas hasta que relucían y visitaban la peluquería de la vieja Rena Recareda con la intención de que les cortara el pelo de su cuerpo, lo lavara con el mejor de los champús, y les dejara a todos tan guapos que casi ninguno se reconocía.

Era un procedimiento extraño este de los renos. Los duendes de la Navidad se preguntaban una y otra vez cuál sería el motivo de que los renos se pusieran tan guapos para repartir los regalos navideños:

– De qué les servirá tener las pezuñas limpias si en cuanto comiencen su viaje se van a llenar de nieve, de tierra, de asfalto, de lluvia…¡qué absurdo!
– Y para qué querrán ir bien afeitados y con el pelo impecable, si con tanto viento en un abrir y cerrar de ojos se les pone a todos el pelo hecho una pena…

Y es que a los duendes, al contrario que a los renos, les gustaba revolcarse por el suelo, saltar de charco en charco y sobre todo, hacer muchas muchas travesuras.

Les gustaba esconderle cosas a Papá Noel, o cambiárselas de sitio para que él, tan despistado, se las pusiera al revés (aún se mueren de risa cuando recuerdan la Navidad que el pobre no se dio cuenta y repartió todos sus regalos con su gorro para dormir en vez de con su elegante gorro rojo: ¡Menos mal que no le vio nadie!).

También les gustaba cambiar las etiquetas de los regalos de los niños (Papá Noel ya se sabe este truco y siempre, antes de partir, revisa todas y cada una de las etiquetas, pero como ya hemos dicho, es tan despistado que siempre se le pasa alguna tarjeta. ¿No os ha pasado nunca que os ha llegado un regalo que no habíais pedido en vez de ese que teníais tantas ganas de recibir? La culpa es de los traviesos duendes).

Pero lo que más les gustaba a los duendes de la Navidad era chinchar a los renos, que se ponían tan elegantes para repartir los regalos en Nochebuena. Con su magia, los duendes eran capaces de las peores cosas: les despeinaba, le llenaban de ramas sus cornamentas, y salpicaban de barro sus limpísimas pezuñas. Pero un año, los duendes hicieron algo que no habían hecho nunca…

Para esta travesura, eligieron al Reno más presumido de todo el grupo. Se trataba de Moritz, el reno al que le encantaba su nariz. Decía que era tan bella que podía competir con Rodolfo, el famoso reno de Papá Noel que con su nariz roja había conseguido convertirse en el más importante y famoso reno de todos los tiempos.

– Así que el reno Moritz, no para de presumir de su nariz – cuchicheaban los duendes divertidos…
– Creo que se merece una lección, ¿no os parece?

Y todos estuvieron de acuerdo en que a Moritz había que darle donde más le dolía: ¡en la nariz!

– Oye Moritz, ¿sabes cómo consiguió Rodolfo su nariz roja?

Moritz no tenía ni idea, así que agitó su cornamenta en señal de negación.

– Pues fue gracias a los duendes. Nosotros se la volvimos roja como un tomate y gracias a eso se convirtió en el reno más famoso de la Navidad.
– ¿Gracias a vosotros? ¿Y cómo lo hicisteis?
– Pues con ayuda de la magia… si quieres también podemos hacerlo contigo.

Al reno Moritz se le iluminó la nariz de felicidad…

– ¿Me la pondríais roja a mí también?
– Pues podríamos ponértela roja, pero eso ya está muy visto. ¿No te apetece ponértela azul? – exclamaron todos los duendes sin poder contener la risa.
– ¿Azul? Pero… ¿no es eso muy raro?
– Qué va, qué va…el azul es el color de la navidad, ¿no lo sabías? – exclamó un duende guiñándole el ojo al resto, que continuaron con la broma.
– Claro, Moritz, todos piensan que el rojo es el color de la Navidad, pero no es cierto. ¿De qué color es el cielo por el que hacéis vuestro largo trayecto?
– Pues, pues azul – exclamó confundido Moritz.
– Y de ¿qué color es el mar sobre el que voláis cuando repartís los regalos?
– Pues, pues azul – repitió Moritz cada vez más confundido.
– ¿Lo ves? El azul es el color de la Navidad, sin duda.

Y todos los duendes asintieron divertidos. Tanto insistieron, que Moritz, cada vez más confundido, acabó por fiarse de ellos y dejar que le pusieran la nariz de ese color tan “navideño”.

– Porque la Navidad magia a los duendes nos da, haz que Moritz tenga azul su nariz.

Nada más decirlo, la nariz oscura y respingona de Moritz fue tornándose más y más clarita, hasta convertirse en un llamativo punto azul que contrastaba con el pelaje marrón del reno. Al ver aquella nariz tan azul, los traviesos duendes no pudieron evitar una carcajada.

– ¿Por qué os reís? ¿Acaso no me queda bien? – exclamó asustado Moritz buscando un espejo donde poder mirarse.
– No, no, que va…¡te queda fenomenal! – mintieron todos los duendes, pensando que cuando el reno viera su nariz azul en el espejo se volvería loco.

Sin embargo Moritz en vez de enfadarse al ver su nariz azul, se puso de lo más contento.

– ¡Teníais razón! El azul es el color de la Navidad: ¡me queda fenomenal! – y se marchó muy feliz a ver al resto de renos ante la cara de asombro de todos los duendes.

Cuando el resto de renos vieron la ridícula nariz de Moritz comenzaron a reírse de él. Pero Moritz no les hizo ni caso: se sentía tan guapo con aquella nariz única que nada de lo que pudieran decirle le haría cambiar de idea.

Y así fue pasando el tiempo y los renos pronto se acostumbraron a la nariz azul de Moritz. Por su parte, los duendes, que habían planeado reírse durante años y años de aquella pesada broma, tuvieron que reconocer que su truco de magia les había salido mal.

Y es que gracias a la nariz azul de Moritz, este se convirtió en uno de los renos más populares de la Navidad (con permiso del reno Rodolfo, claro está).

Cuento de Navidad: “El reno Moritz y su extraña nariz”
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2 comentarios sobre “Cuento de Navidad: “El reno Moritz y su extraña nariz””

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  1. Hermosos cuentos y en general la pagina muchas gracias y felicidades!

  2. 2
  3. Me gusto, esta página, me gustaría nuevos cuentos, ojalá de dinosaurios….gracias

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